Un sábado por la mañana

Berta tiene doce años y se hace las preguntas correctas, aquellas que no tienen respuesta. Berta dice que no le incomoda que no tengan respuesta y que lo óptimo sería dejarlas ahí colgando, como una luz en el camino de la vida, hacia la que orientar el sentido cada vez que la cotidianidad nos tumbe. Esto último no lo dice Berta, lo digo yo en plan papá cursi de Paquirrín, al que se le cae la baba con sus hijas adolescentes.

Berta dice que el llamado big bang que les han contado en el colegio, o al menos el inicio del mismo, tiene el mismo (sin)sentido que la historia de Eva y Adán, que también les han contado en el colegio. Dice que si lo de Eva y Adán se lo contaran como lo que es, un símbolo, ella y sus compañeros se quedarían más satisfechos. Dice que aún así, prefiere lo del big bang, pero sólo si tomamos como punto de partida el momento de la explosión, aunque dice que lo relevante no es lo que pasó después de la explosión, sino lo que sucedió para que aquello explotara de esa manera tan bestia. Y apunta Berta que más importante aún, es saber qué es lo que explotó, ya que si en aquel comienzo no había materia, ni espacio, ni tiempo, cómo y cuándo carajo iba a explotar algo.

Yo le digo que esa explicación es igual de simbólica que lo de Eva y Adán y que no tiene mayor importancia porque la respuesta no la vamos a encontrar y que es precisamente esa la gracia, que vivamos con el misterio de la existencia por el resto de nuestros días en este lado. Y que no descarte que cuando se muera, cuando todos muramos, identifiquemos, notemos, experimentemos (o ponga usted el verbo que quiera, ya que lo que pasa al morir tiene sus propios códigos, su dinámica, su forma de expresión, seguro diferente a lo que conocemos mientras nuestra materia vive), una realidad llena de respuestas para estas preguntas. Pero que es muy probable que en ese momento las preguntas ya no sean relevantes y que además las hayamos olvidado.

Con las mismas nos pusimos a hablar de la muerte, que dice que a ella no le da miedo. Y de la muerte pasamos a los volcanes en erupción, que provocan muerte y cierta destrucción, pero que al tiempo expresan vida, en este caso la del propio planeta, que por narices tiene que ser un organismo vivo, porque si no cómo se explica que esté caliente por dentro y que ahora esté expulsando ese calor hacia la superficie. Yo le digo que eso es para regularse, que es como cuando nos torcemos un tobillo, que la zona se pone caliente, rojita y se inflama, ya que el equilibrio allí se ha roto. Y que cuando eso pasa, nuestro organismo tiene un sistema de regulación (el sistema inmune) que envía unas células reponedoras, llamadas citoquinas, que se hicieron muy populares porque aparecían en formato tormenta en los pulmones de los afectados por el Covid, pero que en realidad acuden a los tejidos dañados para regenerarlos y restablecer la calma. Le digo que quizá lo del volcán hay que mirarlo como un ejercicio de regulación interna del planeta para reestablecer su equilibrio y le cuento también que unos científicos han dicho que la emisión de cenizas hacia la atmósfera, es otro modo de buscar ese equilibrio, porque el sol, producto de la acción del ser humano, cada vez está apretando más a la tierra, provocando eso que llamamos calentamiento global. Y que las cenizas ahí arriba producen sombrita aquí abajo. Y yo no sé si esto es así, pero como símbolo también me genera mucho sentido.

Y de ahí volvemos a la muerte, porque si la tierra es, como parece, un organismo vivo, eventualmente se va a morir, y con ella todos nos iremos al hoyo. Y que por eso mismo, no hay que darnos demasiada importancia a los de aquí abajo y sobre todo hay que cuidar mucho la tierra y en eso se incluye lo mineral, lo vegetal, lo animal y lo humano.

Por último comentamos que sin muerte no habría vida y que por tanto la muerte no nos debe de preocupar por oscura e indeseable, sino por ser la variable más importante de la vida. Y yo le insisto en que esto de las dualidades de la vida y la muerte, la luz y la oscuridad, el cielo y la tierra, son intentos narrativos del ser humano por explicar lo inexplicable, igual que lo es la ciencia. Y que sería mejor dedicar este sábado a pasear, comer bien y poco y beber mucha agua.

Y no me ha dicho que no y en ello estamos. Pasen un precioso sábado de mitad de octubre y tengan cuidado de no torcerse un tobillo.

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