Deja de ser tú, Pedro

Querido Pedro,

Le he tomado prestado el título a Joe Dispenza, cuyo Deja de ser es uno de los libros que he leído durante el confinamiento y que contra todo pronóstico, me ha gustado mucho. Te lo recomiendo.

El caso es que llevo meses resistiendo la tentación de escribirte y ya no puedo más, o no quiero más, o esto del confinamiento me ha cambiado y soy otra persona, con otro enfoque, o sin enfoque, o sin filtros, o todo a la vez. Así que espero que no me lo tomes en cuenta y este post no cambie nuestra relación.

Tú no lo sabes, pero en este blog hablo de lo invisible y una vez escribí sobre tu calzado y las pocas piedras que se te cuelan en él. Es una metáfora lo de las piedras, resulta que etimológicamente la palabra escrúpulo viene de la palabra piedra (pequeña). Si quieres te lo lees y ya me dices tu opinión cuando puedas, que ahora estarás muy ocupado. Ese post es de cuando escribía utilizando al Contrafantasma como personaje y la verdad, no me sentía bien escribiéndote en tercera persona. Como esconderse detrás de una esas cuentas falsas de Twitter, que creáis los partidos políticos para atizar al de enfrente. Tú y yo, que nos conocemos hace tantos años, mejor de frente.

Pedro, seguro que ser tú es muy difícil, lo ha sido desde que te presentaste a secretario general. La de movidas que has tenido, primero con tu partido, luego con Pablo Iglesias en aquellas primeras elecciones, después con tu partido de nuevo y ahora con todos menos con tu partido, que no existe, salvo para decir gilipolleces en redes sociales (ay, las redes sociales…). Un lío la verdad, no te envidio. Gobernar en esta situación de pandemia no estaba en los planes de nadie y hasta los que mejor situación tenían, lo están pasando muy mal. Pero conociéndote, te imagino convencido y convenciendo al resto de que tú esto lo sacas. Porque tú eres muy así, muy de vamos a por ello, que lo ganamos. Tú eres un ejemplo de cómo llegar a pesar de todo, de como ganar un partido, una carrera, eres el campeón del resistiré.

Pero gobernar un país no es ganar las elecciones y una pandemia como ésta y lo que ha cambiado el mundo con ella, requiere de un nuevo modo (de ser) de todos nosotros y también un nuevo Tú.

Y me consta que tú piensas que ganar es lo más importante, porque crees que después, con todo el poder en tus manos, podrás hacer el bien. Todo ese bien que sin duda conoces, porque lo que está bien y lo que está mal es una diferenciación que casi todos tenemos clara, viene de serie con el ser humano. Mentir está mal, yo se lo digo a mis hijas todo el tiempo y seguro que tú también a las tuyas. Pero yo, en ocasiones, miento, lo reconozco. Y es que el bien no es fácil de ejecutar. Siempre hay una fuerza mayor, una contingencia, una emergencia, un peso en la balanza que hace que el bien pueda esperar hasta mañana, hasta el próximo sábado en tu nuevo sermón en círculos, hasta al siguiente consejo de ministros, o hasta los próximos presupuestos. A mi me pasa también, es humano. Pero también te digo, que no es correcto.

Y se que también sabes que la manera de ganar importa igual. Que en tu casa tuviste una buena educación, que en el Santa Cristina también y que ya en el Ramiro todos nos “doctoramos” en ética jugando en el patio del colegio. Porque, ¿cómo somos los del Ramiro, eh?. Y bueno, para acabar de entender que no se gana de cualquier manera, jugaste hasta Junior (en nuestra época se llamaba Juvenil) en el Estudiantes y allí nos enseñaron que ganar no lo es todo (salvo si juegas contra el Madrid), que la manera de hacerlo era muy importante. Aunque te digo una cosa, mis compañeros y yo hacíamos todo tipo de perrerías para defender a José Lasa cuando jugábamos contra ellos. Pero el cabrón era tan bueno, que siempre nos metían 30n(salvo una vez, que resultó ser la final de un campeonato de España). Pero vaya, que te digo que en esos partidos, la ética nos la pasábamos por el arco del triunfo sin culpa alguna. Porque contra el Madrid, contra el “mal” en esencia, todo estaba justificado. El Madrid era nuestra némesis, como tu VOX, tu PP, tu Podemos de antes de esta legislatura, tu independentismo catalán, tu Susana Díaz, tu Eduardo Madina…

Tú sabes que en política tampoco vale todo, pero me vas a decir que todos los hacéis, que los demás lo hacen igual y que además los otros son o populistas, o de derechas. Se que además me vas a decir que los que no estamos en política, no sabemos de qué va y que por tanto no podemos opinar (como los vascos con el problema vasco, los catalanes con el procés, los programadores con el desarrollo de software). Que si supiéramos la de mierda que hay, cambiaríamos de opinión y actuaríamos como vosotros. Y quizá tienes razón, o quizá no. Yo hay días que paso por alto el hecho de actuar mal, me meto en la cama y dejo que pase la noche. Pero la diferencia es que la mayoría de mis acciones sólo me perjudican a mi. Bueno, a mi y al cosmos, porque acuérdate de que todos estamos conectados. Lo dice Joe Dispenza en su libro, donde también enseña a cómo meditar. Y dice que la meditación puede generar cambios, por atraer una vibración diferente del campo electromagnético, y que esa nueva vibración tiene efectos en ti y en el todo.

Y sí, sé que parecerá esotérico, pero por las dudas tenlo en cuenta. Si todos hacemos como yo hago a veces y pasamos por alto nuestras acciones incorrectas, esto tiene una influencia sobre el resto, sobre el colectivo, sobre el cosmos.

Dispenza dice que ya no está vigente el esquema de la física newtoniana, el de causa-efecto. sino el de la física cuántica, algo más parecido a causar efecto, de una manera no lineal. Así que en cada decisión que tomes, en cada verdad a medias (o mentira) que cuentes, recuerda que tú, nosotros (España) y el cosmos en general, estamos bajo tu influencia y mucho más en este momento del estado de alarma. Y eso incluye las conversaciones que dices que tienes con Melinda Gates, que lo vi el otro día en Twitter. No te fíes de ese matrimonio que son muy raros, madridistas seguro.

Pedro, deja de ser el tú presidente. Se puede cambiar de opinión, reconocer errores y hablar desde la verdad, desde tu verdad. No trates de contentar a todos, ni hagas tanto caso a Iván Redondo. Yo te doy mi opinión poco válida sobre él, ya que no le conozco de nada. Seguro que es una persona preparada, pero sólo está haciendo su legítima carrera, como hacemos todos. Y que de aquí se irá a LATAM, con su CV a tope de power (perdón que hable como mis hijas), por haber colocado a un presi en una democracia europea. Y yo se que tienes confianza en él y que eso es fundamental en un entorno como el vuestro, donde vuelan los puñales. Que tú de eso sabes, acuérdate de cuando le dijiste a Susana Díaz que te apoyara como secretario general, que luego tú no te presentarías a candidato a la presidencia del gobierno.

En fin Pedro, trata de quitar la mugre y purifica el ambiente. No me digas que no puedes hacerlo porque estás a mil y que lo dejas para más adelante, para cuando tengas tranquilidad y puedas dedicarte sólo a hacer el bien. Porque tranquilidad no va a haber. Si ya te parecía complicado el escenario político antes del virus, lo que se nos viene después es de no creer. Y no es solamente un escenario nuevo en la política, me temo que es un mundo nuevo. Yo llamaría a Casado y a Arrimadas y obligaría a Iglesias a sentarse a la mesa. Llama también a Abascal, pero creo que no va a ir, porque ese sí que está haciendo sólo su guerra.

Desde que dejamos el instituto nos hemos visto poco. Tampoco es que antes fuéramos muy amigos, pero compartimos una historia afín, tardes y tardes en la Nevera y sobre todo la amistad con un íntimo común que tenemos. Recuerdo cuando me contaste hace años, en la fiesta de despedida de este amigo, que estabas cansado de tu curro en política y que lo ibas a dejar No lo hiciste y mira dónde has llegado, a lo más alto. Felicidades.

Ahora tienes la oportunidad de cambiar de nuevo el rumbo y hacer algo mucho más relevante, con capacidad de causar efectos beneficiosos para millones de personas, pero para eso tienes que dejar de ser tú. Y se puede hacer, todos podemos.

Feliz domingo.

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