Calor de Madrid

Twitter es una aplicación donde, sobre todo, encuentras gente con humor. Antes de Twitter, uno tenía amigos y familiares graciosos, que te garantizaban unas risas con su elocuencia, su facilidad para recordar chistes, sus dotes de improvisación, o su rapidez mental para hacer comedia de lo cotidiano. Antes de Twitter uno esperaba que cada miércoles llegara la revista El Jueves y disfrutar sus crónicas, tan diferentes a las de los medios convencionales. Ahora basta con abrir Twitter la noche de Eurovisión, para que un evento televisiva y sobre todo musicalmente horrible, se convierta en una velada de carcajadas.

Y fue en Twiiter, donde @molinos1282 escribió hace un par de semanas algo como que «la época de entretiempo ha llegado a Madrid, fue la tarde del viernes». Sí, el viernes 6 de mayo se levantó un día espléndido de sol, después de un mes de abril frío de ponerse el plumas y muy lluvioso. Por la tarde en Madrid pudimos agarrar la famosa rebequita, ya que se preveía iba a refrescar por la noche. Al volver a dormir nos arropamos bien en la cama, porque la diferencia entre máxima y mínima era muy notable. La primavera de verdad había comenzado. Pero como bien decía esa tuitera, el entretiempo madrileño duró una tarde. El sábado 7 ya podíamos ir en pantalón corto.

Me pasa todos los años, es como si no recordaba el calor de Madrid. Al menos no en su versión de primavera, cuando aún no lo esperas, cuando todavía no has quitado el relleno nórdico de la cama, cuando queda raro encender el aire acondicionado de casa. Madrid no es más caluroso que muchas otras zonas del centro y sur de la península, pero aquí el calor se multiplica por la cantidad de coches, el número de personas habitando y el creciente porcentaje de ellas que está cabreada con el de enfrente. El cabreo viene por ser de otro equipo, por ser progre, por ser facha, por ser hombre, o mujer, por tuitear esto o lo otro, porque sí… Por eso y por la insalvable y equidistante lejanía de la costa, mires hacia donde mires. Una distancia infinita si es domingo y la noche anterior te has acostado tarde. Hoy habría sido distinto si hubiera amanecido por ejemplo en Sanxenxo, como el emérito, o en el valle del Soba, o en Polop, o en Puerto del Rosario. En el peor de los casos, en una horita podría haber estado en remojo. Pero vivir en Madrid requiere de planificación, tiempo y dinero para disfrutar del mar.

Eso sí, en Madrid somos libres, muy libres, super libres, re contra tabernarios y en algún caso concreto gilipollas, muy gilipollas. Gilipollas de baba, que le gustaba decir a mi madre.

Pero no era de los políticos de lo que quería escribir. Yo me he sentado para quitarme el mal rollo por haber leído «La ciudad de los vivos», libro maravillosamente escrito por Nicola Lagioia. Una historia que cuanto más avanzas, menos la disfrutas. Pero que al tiempo, no puedes dejar de leer. Una historia pesada, oscura, basada en un asesinato que sucedió en Roma hace no muchos años y que el autor, tras una investigación muy documentada, narra con crudeza y una pegajosa cercanía. Quizá la misma que yo he notado al leerlo. Una historia que es producto de una gran ciudad y de la soledad que, de forma paradójica, el exceso de gente genera en el individuo. Soledad que inevitablemente conduce a la ausencia de empatía, la despersonalización del otro, el agrandamiento del ego, el victimismo y el miedo. Y como todo eso, mezclado con falta de objetivos, falta de quehaceres cotidianos, malas relaciones familiares, alcohol y drogas, se convierte en la perfecta autopista para que circule libremente al mal.

Sí, el libro habla sobre el mal. Pero un mal que no suena ajeno, ni imposible. Un mal que todos hemos visto de cerca en ciudades de nuestra cultura. Un mal que es impensable por horrendo, pero al tiempo perfectamente posible por familiar, por reconocible. Una época mala, una deriva inesperada, frustración acumulada, un pivote mal dado que te saca del eje, unas relaciones equivocadas y todo se puede torcer para siempre.

Y me ha hecho pensar en Madrid, porque Madrid es como Roma pero más fea y con unos taxistas ligeramente más educados. Madrid es demasiado grande, en Madrid no nos miramos por la calle, en Madrid no se saluda, no se deja paso al que sale, no se sonríe al conserje. Madrid está gobernado por corruptos desde hace demasiados años. En Madrid un jeta que se hace llamar empresario y un amigo suyo que se considera noble, son capaces de levantar 6 millones de euros de comisión, por un contrato de 11, habiendo vendido un producto defectuoso, en un momento crítico para toda la sociedad.

Vale, estoy de mal rollo. Por eso es tan importante parar y enseñar a parar a los que vienen. Parar y chequear. Y si resuena como que no es, no hacerlo. Somos mucho más sabios y poseemos muchos más recursos de los que creemos. Y hay que volver a mirarse a los ojos y sobre todo a sonreír. Hay quitarse del todo la mascarilla y volver a tocar, a abrazar, a besar. Hay que llamar en lugar de enviar un audio, hay que quedar en lugar de hacer una call, hay que decir lo mucho que le quieres, hay que decir lo guapa que está, hay que preguntar de verdad cómo te encuentras y esperar a que te cuenten. Hay que agradecer el mínimo gesto y si tienes oportunidad, amplificarlo tú en la siguiente. Hay que pasar tiempo con los hijos, con los padres, con los amigos.

No lo se, no se si recomendar la lectura de libro que he nombrado y no se si mudarme a otra ciudad, a un pueblo, a la sierra, a la costa. De lo que estoy seguro, es de que el mal está ahí no más, como dicen los argentinos y que depende de nosotros no darle cancha.

Así que, pasen una buena semana, toquense, sonrían, besen, abracen, saluden al conserje y al que entra al ascensor, preguntenle de verdad cómo está. Y lean el libro de Lagioia, o no lo hagan. Y sigan viajando a Roma, y también a Madrid, que hay días mejores que este en el que escribo.

Y si quieren reir, abran Twitter, que hasta Ayuso resulta cómica.

3 comentarios en “Calor de Madrid

  1. Ese tuitero era yo?
    Y a mí La Ciudad de los vivos también me gustó mucho aunque te deja muy mal cuerpo. El retrato de Roma y del vínculo con la ciudad es impresionante. Ojalá pudiera escribir yo como es mi vínculo de desesperación con Madrid y como trato de romperlo por completo y huir de aquí, por fin.

    Me gusta

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