Ser 0

De entre los numerosos cambios a los que me empujó el confinamiento de hace un año y todo lo que lo ha seguido, comenzar a escribir en primera persona fue uno de los menos premeditados y de los pocos sin la coerción del gobierno de Sánchez. Simplemente pasó. Un día me senté y comencé a contar mis historias en primera persona, en lugar de las del Contrafantasma. Desde aquel momento he escrito 52 posts, una media de uno cada semana.

A ratos hay ficción, siempre omito la presencia de las personas reales que aparecen en las narraciones y otras me invento los personajes con los que hablo, como mi amigo Josh que en realidad no existe. Pero lo que no ha cambiado entre cuando escribía en tercera persona y hoy, es que todo lo que cuento aquí, es lo que soy.

Ahora, la pregunta que me sigo haciendo es ¿qué mierda es lo que soy?.

A medida que avanza la vida (y voy ya por los 47), reconozco una tendencia a pensar que lo que yo soy no importa nada y que el objetivo de todo desarrollo individual, consiste precisamente en la transición desde ser uno, hasta llegar a ser cero. Voy a tratar de explicarme, pero si me pongo denso lo dejan y vuelven a Twitter, para ver lo de la victoria del Estudiantes de chicos de ayer en la prórroga contra el Zaragoza. O para criticar a ese del PP, que no se como se llama y que muy faltón y poco gracioso, mandó al médico a Errejón el otro día. O en su defecto a llamar “el coletas”, seguido de algún adjetivo poco decoroso a Iglesias, por presentarse a las elecciones de Madrid el próximo 4 de mayo. Si bien les digo, que percibo mucha más tranquilidad vital en aquellos humanos que ni critican, ni se enfadan, esos que no se sitúan en uno de los lados y se dedican simplemente a escuchar, chequear la resonancia en sus cuerpos y volver a lo que sea que estén haciendo, o siendo. Y si se acompaña de un paseo por la naturaleza, pues mucho mejor.

Pero yo estaba con los números y en concreto con el más redondo de todos, el cero (0). Y todo porque esta semana cayó en mis manos el libro “The Nothing That Is: a Natural History of Zero“, de Robert Kaplan, profesor de matemáticas de Harvard retirado y que escribió este ensayo sobre la historia del cero en el año 2000, ya que venía muy a cuento de la acumulación de ceros a la derecha del 2, en ese comienzo de milenio que estrenamos hace ya veintiún años. Recuerdo que en ese momento yo trabajaba en el departamento de marketing del Estudiantes y la Demencia me cantaba “Guirao, empleao“, porque había movida con el patrocinador y una de mis responsabilidades era chequear las pancartas que se desplegaban cada partido en el Palacio, por si había mensajes “inadecuados”. A ellos les parecía mal y me cantaban aquello, afirmación que por otro lado, coincidía absolutamente con los hechos. Una vez le leí a Iturriaga que el día en que la Demencia le empezó a cantar aquello de “Iturriaga, vaya braga” en un partido en el Magariños, reconoció que su estatus en el baloncesto había alcanzado el nivel adecuado. Hasta que no te canta la Demencia, no eres nadie. Al menos en el siglo pasado era así.

El caso es que cuando escribes todo un libro sobre el número cero, que no es nada, tienes que buscarle todos los ángulos posibles a tu narrativa y hartarte de investigación, imaginación y valor, para completar las 240 páginas que tiene la obra. En ella habla de la dimensión matemática del cero, claro, y lo que significó en términos prácticos, ya que permitía hacer cálculos con volúmenes mucho más grandes que con los caracteres griegos y romanos. Luego de la invención del Álgebra por los árabes, de la introducción del ábaco como la primera herramienta calculadora, que les dió tanta ventaja a los comerciantes venidos de oriente, a la hora de ganar las perras en sus intercambios con los europeos. Habla de la perspectiva histórica del numerito, de su aparición primera en la India en el siglo VII, de su valor clave en la secuencia Fibonacci en el XIII, presente en múltiples fenómenos de la naturaleza y que no sería posible sin la existencia del cero (0). O de su mala prensa en la cultura europea de aquellos siglos, donde se vinculó al cero con lo oscuro.

Pero la perspectiva que más me ha interesado a mi es la filosófica, la del significado profundo del número cero y su relevancia. Porque el cero representa la nada, sí, pero también el origen, que es de donde viene todo. Es lo que somos antes de ser concebidos y el destino final al que nos dirigimos, cuando dejamos este lado. Porque el cero es nada y además es todo lo que está en potencia, todo lo que puede llegar a ser.

Y al hablar de la nada y el todo nos ponemos a pensar en Dios, en el origen de las cosas, en qué hubo antes del big bang , en la física cuántica, en qué pasa cuando morimos, en que si somos energía, en si hay reencarnación, etc… Porque todas esas cuestiones tienen que ver con la transición de la “nada” (el cero) al “algo” (a partir del 1). Y también por su forma circular, ya que el círculo es un símbolo del mundo interior, de lo divino.

Y por eso me ha dado por pensar que llegar a ser cero es el objetivo, ya que cuando te trasciendes y dejas de ser ese uno (1) egoístilla, nervioso, preocupado, expectante, asertivo, exigente, perfectito…, te encuentras de pronto con la calma, la paz, el amor y la verdad.

Y no, no se me está yendo, que me lo dice todo el rato mi hermano. A veces meditando siento ese estado de “nada” y de “todo” al mismo tiempo. Que dura eso, nada, pero que es sumamente placentero, ¿Y cómo lo sé?, pues porque en esos momentos mi mente no se va detrás de mis pensamientos , esos que me recuerdan que tengo un Zoom el lunes con unos ingleses encantadores, una factura que enviar antes del jueves 25, una hija que recoger de casa de una amiguita esta tarde, un padre septuagenario en un momento complejo y crucial de su existencia, que tengo que pedir el pienso de la perra, que pagar la lavadora que nos hemos comprado, que felicitar a mi socia por su cumple, que organizar las no vacaciones de Semana Santa, o que asumir que se nos escapa la casa que vimos en Los Molinos hace unas semanas. Cada una de esas cosas arrastra innumerables pensamientos entrelazados que de pronto ocupan mi individualidad y no me dejan descansar, generando casi siempre ocupación y en muchos casos preocupación. Y está empíricamente demostrado que la preocupación no aporta ningún beneficio. Nunca nadie se ha encontrado mejor después de estar preocupado, Preocuparse es inútil y sólo responde a estar despistado en tus cosas, o a darse una importancia que en realidad, ninguno de nosotros merece.

El cero es circular, forma a la que es imposible encontrarle el principio o el fin. Por eso Jesús dijo que los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos. Porque cuando hablamos de lo divino, cosa que él hacía todo el tiempo, te das cuenta de que todos somos lo mismo, que todos somos uno, o cero (porque la individualidad se pierde), siendo intrascendente el lugar donde cada uno, con su yo pequeño, quiera situarse.

La forma circular está también en lo más pequeño (átomos) y en lo más grande (astros, planetas), de entre las cosas no creadas por el hombre, o lo que es lo mismo, en aquellas creadas por Dios (o llámalo como quieras), otro motivo por el cual le atribuimos significado divino. Stephen Hawking decía que no le buscáramos al universo ni el principio ni el fin, porque no lo tenía, ya que es circular. Y es que lo circular es muy relevante. Estar centrado está muy bien considerado. Pero no centrado en las cosas exteriores, en las tareas que tenemos que hacer, sino estar en tu eje, en el centro del círculo, in the zone, que dicen los deportistas cuando las cosas fluyen. Lo que es equivalente a ser tú en esencia y cuando uno se acerca a su esencia, se acerca a lo que de divino hay en todos nosotros.

Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos, porque esto del desarrollo individual es un viaje hacia el centro de uno mismo, hacia el interior. Y la sorpresa es que cuando llegas a tu centro, lo que encuentras es la nada, o mejor dicho, encuentras todo y a todos.

Y como decía al principio, sin contar el de hoy, la media de posts desde que empezó la (declarada por la OMS) pandemia es de uno a la semana. Pero las medias no sirven para la vida, la media es una ficción estadística que no ayuda a vivir el día de hoy. La media sólo sirve una vez han pasado los hechos y eso casi nunca es útil. Una media de algo nunca es la verdad. Pero otro día hablamos de estadística.

Pasen un primer domingo de primavera redondo, divino.

3 comentarios sobre “Ser 0

  1. Muy buena reflexión… Enhorabuena por lo de la prórroga ganada y por tener un hermano tan salado. La Demencia es la madre de la ciencia y el cero es tan difícil de alcanzar como fractal la naturaleza.

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