Cosas para el 2021

Ya está, se terminó el 2020. Doce uvas, una copita de lo que bebas, inhalas en este año y exhalas en el que entra. Recuerda que al exhalar puedes relajar los hombros, la tripa, la mandíbula, los labios y dejarte ir por unos segundos, antes de meterte de nuevo en la rueda del hámster del año nuevo. Está en tu mano hacerlo. Por las dudas, yo te dejo el recordatorio de la foto y unas reflexiones para el año 21, o para los siguientes diez, que son atemporales.

  1. El cambio

No esperábamos que el año que acaba fuera así de especial, así de extraordinario, así de largo y al mismo tiempo tan monótono, tan ordinario, tan taimado en el exterior, que parece que no ha existido, que ha volado. Lento y fugaz al mismo tiempo, como la vida misma, contradictoria, en constante lucha entre opuestos. Y el movimiento, el progreso, surge cuando conseguimos situarnos y mantener el equilibrio entre los dos polos, ni arriba ni abajo, ni dentro ni fuera, ni bien ni mal, ni pequeño ni grande, ni nosotros ni ellos. Enseñanza número uno del 2020, la constante es el cambio y lo difícil, el equilibrio entre dos fuerzas que tiran como posesas para que nos quedemos en el sitio donde estamos.

2. Todos

Este ha sido el año en el que todos fuimos iguales. Todos nos quedamos en casa, todos dejamos de postear puestas de sol maravillosas en redes sociales, todos vimos The Last Dance y criticamos los ojitos amarillos y la barriguita de MJ, todos vivimos los muertos de los demás y algunos los propios, todos fuimos expertos en virus, todos los verdaderos expertos en virus fueron como el resto, incapaces de anticipar nada. Todos obviamos la Champions, todos sentimos la brutalidad policial con los negros en USA, todos votamos por Biden (o Trump), todos llamamos por Zoom, todos compramos por Amazon, todos ordenamos nuestros armarios, jugamos con nuestros hijos y aprendimos que de julio a septiembre los virus no contagian. Todos los que no perdimos el curro, pudimos trabajar igual desde casa y todos más horas que cuando íbamos a la oficina. En definitiva, este ha sido el año de todos, de todos, de todos. Porque este año sin mundo exterior en el que compararme contigo, ha sido más sencillo captar que no existe tal cosa como tú, o como yo, sino que somos todos parte de la misma red conectada. Y que hay que sustituir los pronombres personales “mío” y “tuyo”, por los adverbios de lugar “dentro” y “fuera”. Porque cuando sentimos o pensamos algo y lo llamamos mío, en realidad estamos diciendo dentro y es igual que cuando lo sentimos de otro y lo llamamos suyo, simplemente es que está fuera. Este año nos ha permitido experimentar que dentro o fuera, lo que es seguro es que lo que sentimos, lo que nos pasa, es de todos.

3. Nada es perfecto

Porque la perfección no existe, y punto. Ni la de la vida, ni la mía propia, ni la de los que me rodean, ni la de la sociedad, ni la de los gobernantes, ni la de la PCR, ni la de Fernando Simón. Mirándolo así seremos más capaces de perdonarnos y de perdonar al resto. Aún esta pasada noche, 24 años después de mi debut como diabético, me he despertado a las 5am y me he puesto a repasar (sin voluntad ninguna) los errores que he cometido desde que lo soy, en lo que se refiere al cuidado de la enfermedad. He estado una hora dando vueltas en la cama, he recorrido todas esas cagadas del pasado y me he llevado las manos (literalmente) a la cabeza. A las seis, ya cansado, me he puesto una meditación guiada para ver si me dormía y ésta me ha recordado lo de que nada (ni nadie) es perfecto y que la única opción, es dar lo mejor de uno mismo con lo que se tiene (y es) en cada momento. Y es lo que estoy haciendo ahora y seguramente no hice antes, pero eso ya es pasado y no se puede cambiar. Y que además lo que tú estás haciendo para cuidarte, también es bueno para mi. Y que si somos compasivos con nosotros, lo somos con el resto.

4. Las narrativas matan

Para de pensar ya. Cuando pienses sin querer hacerlo, di mentalmente ¡¡STOP!!. Y ponte a otra cosa, a respirar, a beber agua y a notar como ésta entra en tu cuerpo, e imaginar su distribución por tu organismo hasta llegar de vuelta al water, o a notar el peso de tu culo encima de la silla mientras estás sentado, o a sentir como los músculos cerca de tus cervicales se relajan. Lo que sea, pero estate atento para no ir detrás de tus pensamientos, de tus narrativas, porque son grandes historias. Esa mierda es buena y te hace seguirla y por tanto pensar en tí, cargarte de razones para hacer de tu persona el centro del universo, cosa que sobre todo sucede cuando los pensamiento son negativos, lo que hace de ti el centro del mierdiverso. No te dejes llevar, para.

5. El puto self

Hay que comportarse como si uno fuera nadie, o mejor aún, como si uno fuera todos. No se muy bien cómo explicarlo, pero como hacen los budistas, prueba a no utilizar la primera persona del singular para todo lo que sientas. Sólo quitando el peso de la semántica del yo, el tema se aligera. Hay emoción por el final de este año 2020. Se nota esperanza por el comienzo del 2021. Unos ejemplos de los que acabo de decir :).

6. Lo invisible es muy real

Nos pasamos la vida en dimensiones que no se ven, o que sólo las “vemos” nosotros. Independientemente de los hechos comprobables en el exterior, nadie se sorprende de que hayas tenido un día de mierda, o de que fulanito sea un imbécil, nadie duda de que mi época esté siendo difícil, ni de que me sienta maltratado por mi jefe, mi pareja, mis padres o mis hijos. Nadie objeta nada a que haya pasado mala noche, me sienta irritado, o me halle terriblemente feliz. Nadie ve lo de dentro, pero lo de dentro existe y cada uno lo vivimos con una pantalla ultra 4K de 65 pulgadas, bien de sonido envolvente y conectado las veinticuatro horas del día a nuestro cuerpecito. Lo invisible existe y tiene sus reglas, igual que las tiene lo de fuera. Cuando aprendemos esa estructura y dejamos un ratito lo de fuera para prestar atención, somos capaces de ser más intuitivos, más ecuánimes y de equilibrar y equilibrarnos. Y se aprende así, parando un rato cada día, chequeando lo que llega, anotándolo y dejándolo marchar igual que vino. Sea un picor de nariz, un odio visceral por un político, un castigo a uno mismo por no haber estado bien con un amigo, o un sentimiento de querer matar a un teleoperador de Jazztel.

7. Todo pasa

Y es que es verdad, empezaba este post con que todo es cambio y por ese mismo motivo, todo pasa. Lo malo pasa, la pandemia pasa, el año pasa, al igual que lo hacen la alegría por el gol de Iniesta, la hipoglucemia del mediodía y el timeline de mi Twitter. Pero que pase no significa que no tengamos que estar atentos, que ser conscientes y que poner cada cosa en el lugar que le corresponde.

8. Intégrate

Con la modernidad, el positivismo y la ciencia conseguimos la muy negativa separación de cuerpo y mente. Ya sólo somos lo que pensamos, y el resto de herramientas del ser humano para el reconocimiento, es decir nuestras intuiciones, sensaciones y sentidos, circulan como pollos sin cabeza por el éter interno y externo. A esto le hemos concedido otro grado de separación, los algoritmos. Ahora ya no me pasa lo que pienso que me pasa, sino lo que mi reloj me dice sobre lo que me pasa (en mi caso el sensor de glucosa). Como sigamos desintegrando el reconocimiento va a llegar un dia en el que preguntemos a Google si estamos o no empalmados, o peor, lo vamos a hacer a las 7,15, porque el resto de usuarios como yo, mayoritariamente lo hace a esa hora, según Google Sex. Por favor, que la tecnología sea sólo una ayuda para recuperar el equilibrio y la integridad del pedazo de mamífero que somos. Y recuperemos el trabajo en equipo de las cuatro capas; el espíritu (mano a la cabeza), el alma (mano al pecho), el organismo (mano al vientre) y el cuerpo (manos a las piernas con fuerte palmada). Somos de una pieza, no lo perdamos de vista.

9. Toca más y modula el tono, más que el contenido

El otro día leía sobre el poder del tono de voz y del acto de tocar para curar. Somos mamíferos, y además los que más tardamos en cocernos una vez pisamos el mundo. El tacto de nuestras madres lo tenemos inyectado en el ADN, así como el tono de voz de los primeros años. Nuestro tono cura más que el contenido de lo que decimos, así que para curar al de al lado, hablemos como lo haríamos a nuestro hijo de 6 meses y probemos a tocar más, más suave y en la zona que duela. Este ejercicio podemos incluso hacerlo con nosotros mismos, hasta los muy machos.

10. Ahora

Lo se, el “ahora” es un lugar súper común, manido, utilizado por muchos y encarnado por nadie, porque somos todos gente importante que andamos siempre pensando en el futuro, con lo que ya sabemos del pasado. Pero aún así, me arriesgo a reivindicar que disfrutemos del momento presente. De esta noche de a dos, de a seis, o de a diez, sin salida nocturna. Que aprovechemos lo rico que hay en la mesa y lo que amamos a quien está a nuestro lado. Que no se sabe qué pasará mañana, y que lo de ayer ya es historia.

Y disfrutemos de ser y de estar. Pasen un buen año.

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