También esto pasará

Hoy acaba el estado de alarma y esa distopía que empezó el 14 de marzo. Tres meses y 7 días después, tenemos libertad para movernos exteriormente. Hoy podremos cruzar el túnel de Guadarrama y quedará atrás una época de sorpresa, de dolor, de incertidumbre, de silencio, pero también de reconocimiento, de reflexión, de calma, de cercanía, de conversaciones, de nuevos enfoques para viejos problemas, de libros leídos y de series compartidas. Y si yo pudiera pedir algo al cosmos, sería que sigamos moviéndonos interiormente como lo hemos hecho durante este encierro obligado. Si perseveramos, encontraremos el sentido sin asumir muchos disparates.

Esta es la historia de un disparate que tardé demasiado en resolver.

A finales de 2014 una amiga me regaló la novela de Milena Busquets “También esto pasará”. Fue muy oportuna, acababa de morir mi madre y el libro narra, en primera persona, la relación de una mujer con su madre, partiendo del entierro de ésta última y recordándola a partir de las memorias compartidas, en su casa familiar de Cadaqués. El libro es entretenido y disfruté su lectura, aunque a ratos me enfadaba con la protagonista por un exceso de postureo (siempre resuena más aquello que nos hace cojear). En aquel momento y en aquel estado, la palabra importante del título del libro para mi fué “pasará”, que simbolizaba lo que estaba por venir, lo que me iba a deparar el futuro. Entendí ese título como el de un libro para alguien que ha perdido a su madre y que espera encontrar una “guía” para encarar mejor el duelo. Porque coincidiremos que madre no hay más que una y que sólo muere una vez, por lo que es imposible tener experiencia en el tema y si alguien ya lo había pasado, pues mejor porque así nos lo cuenta. Así era yo, entregado a que una extraña con éxito editorial, me ayudara a cómo vivir mejor la muerte de mi madre.

Por aquel entonces no sabía que “también esto pasará” es además una expresión que el budismo utiliza como una de sus máximas, esa que dice que nada es permanente, que las grandes alegrías de nuestra biografía, al igual que los más oscuros momentos, terminan, pasan. Y que ambos son parte irrenunciable de la vida. Entendida la frase de esta manera y viniendo del budismo, la palabra importante del título pasaba a ser “esto”. Porque de esto, de lo que es y de lo que está pasando, en presente, es de lo que el budismo nos habla.

En 2014 aún ansiaba saber qué es lo que me depararía el futuro mirando afuera, en oposición frontal y deliberada a estar en el presente, en mi presente. Y bueno, alguno pensará que era razonable querer salir de un presente que por entonces arrastraba un mal cuidado de mi diabetes, mi divorcio, la muerte de mi madre, un dudoso momento profesional y lo más importante, la ruptura no consciente y casi definitiva conmigo mismo. O “tu esquizofrenia”, como lo llama mi terapeuta. Que no es otra cosa que tirar de ti hacia el lado que no es, hasta que se rompe la cuerda y te separas del mundo de los sanos. Y no sucede de un día para otro, nada de eso, yo me gané a conciencia aquella situación, a fuerza de tirar y tirar hacia el lugar equivocado, durante tres lustros.

Y así estaba yo en aquel momento, como si el joven Werther estuviera dentro de Resacón en las Vegas, o como si Dennis Rodman tratara de ser admitido en el seminario, Una mente colapsada dentro del cuerpo de un pollo sin cabeza. que sólo encontraba consuelo, discurso y aparente capacidad de convicción, en el muy manido lugar común de la crisis de los 40. Y salvo para los muy cercanos, contados con los dedos de una mano, para el resto del mundo, yo incluido, aquello no tenía demasiada importancia porque “ya sabes como es Gonzalo”.

Y no era precisamente un recién licenciado, había cumplido los 40, tenía dos hijas y varios tiros pegados. Pero aún funcionaba en ese modo absurdo, entre inocente e infantil, de pensar que “lo bueno” estaba aún por llegar y que sólo tenía que seguir aquellas informaciones relevantes, a los gurús adecuados, y a los (supuestos) éxitos de terceros, para conseguir los míos. Que lo bueno (esto) pasará (sucederá), eventualmente y por arte de magia.

En las postrimerías de ése 2014, la muerte y el reconocimiento de lo invisible, me sacaron de esa deriva disparatada y me mostraron que gran parte de aquello que yo encarnaba, no correspondía conmigo. Pero reconocer que no es el camino adecuado, no conduce de manera automática hacia el que sí lo es. Pasaron tres años más de búsqueda, de palos de ciego, de cabreos, de tropiezos, de caídas y de vuelta a levantarme, Tres años en los que el mundo exterior seguía en marcha y del que yo seguía siendo parte activa. Hasta que en 2017 sucedió algo, lo invisible tomó formato a través de una amiga que le dio mi número a su amigo y terapeuta, que hoy es el mío y que también es mi amigo, y que en aquel momento tardó aún meses en usar el número para llamarme. Al final lo hizo y un día quedamos a comer.

En 2020 la historia, mi historia, ha cambiado y durante este encierro he contado en el blog lo que soy. He tenido tiempo y ganas de escribir y la necesidad de hacerlo en un lugar que no fuera mi propia individualidad. He pasado de escribir las aventuras del Contrafantasma, a contar las mías en primera persona y he encontrado amor, conexión, comprensión y acompañamiento en aquellos que leen esto. Algunos muy cercanos y otros que no he visto nunca. He sentido que escribía para que mi madre supiera que aquel que vió por última vez en este lado, no era mi mejor versión, para compartir con mis hijas cosas sobre mi cuando sean algo mayores y sobre todo, para que mi padre me siga diciendo que le gusta lo que escribo y me anime a seguir haciéndolo. Él cumple 76 el próximo día 30 y éste va a ser su regalo de cumpleaños. No le he chafado la sorpresa porque es lo que me ha pedido. Me ha dicho que le imprima todos estos Artículos del Confinamiento y se los lleve, que le va a resultar mucho más sencillo leerlos en papel, que no a través del teléfono, que es como lo hace ahora.

Tras tres años de búsqueda interior, tres más de terapia y aprendizaje sobre lo invisible y tres meses de encierro, he entendido que también esto pasará es una enseñanza tan sencilla de captar como difícil de ejecutar y que se requiere de mucha práctica para dominarla. También esto pasará se refiere a que hay que estar en el presente y al mismo tiempo, tan despegado de ti, como unido a todos los demás y ambas acciones con tanta intencionalidad como te sea posible. También esto pasará es un mensaje para que que no nos acomodemos en el éxito exterior, ya sea personal, familiar, profesional, o social, ni en la prestancia que eso da a nuestros personajes, porque llega un momento en que también eso pasa. Más pronto que tarde llega el día en que nos confinan por un virus, o aquel en el que la sociedad te aparca en una residencia, te concede una pensión y te esquina para que no molestes a los productivos. Y ahora sabemos que, si hay pocas camas en la UCI, además no te admitirán en el hospital por ser mayor.

Seguimos viviendo en una sociedad que no favorece la práctica de nada que tenga que ver con el desarrollo del individuo, de una manera profunda. Todo hay que construirlo de forma y en plazos establecidos por no se sabe quién y basados siempre en una validación exterior, que han decidido, dicho o escrito otros. Como sociedad vivimos en un pedo líquido, abrumados por un exceso de información y atrapados en la promesa de que lo siguiente será mejor, que también esto (bueno) pasará (sucederá). Pero esa es la acepción menos adecuada de la frase.

Me quedo con la idea de que todo, también esto, bueno y malo, según cada cual en el momento que esté, pasará. La idea feliz de que sólo merecemos lo bueno es ficción. Lo terrible existe. Pero confiemos, porque también esto pasará y construiremos una sociedad mejor que al menos, convierta a los mayores en viejos sabios y no en chatarra vieja.

Hoy acaba el estado de alarma. Aprovechemos para salir al sol, que para eso está. Para calentar y para iluminar nuestro camino interior, ese que de verdad nos mueve.

Feliz domingo, feliz verano y feliz cumpleaños Padre, con unos días de adelanto.

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