Héroes y Magos

El Contrafantasma llegó con antelación y a las 9am estaba en pantalón de deporte y sin camiseta, listo para comenzar las innumerables pruebas que determinan el estado de su salud física. Se trata de un día rodeado por profesionales de distintas disciplinas y pruebas que incluyen electrodos, guantes de látex, cintas para caminar, pinchazos, tubitos con cámara en búsqueda de bultos internos, análiticas de un montón de siglas, radiación en varias partes el cuerpo y como fin de fiesta, un librito con todos los resultados, que es muy parecido a una sentencia. A las 2pm estás en la calle, tomando una cerveza y un pincho de tortilla (porque todo lo anterior es en ayunas, claro), en el bar frente al hospital, leyendo que tu hígado no filtra tan bien como antes, que el riñón es el típico de una persona con más de 40 años y que hay que controlar la evolución de ese bulto del pulmón derecho, que en principio no es nada, pero que en seis meses lo quieren volver a ver. Y en ocasiones te dicen que eres zurdo de corazón, que tu sangre entra por el conducto por donde sale en el general de los corazones y viceversa. Todo muy normal.

Pero el viernes pasó algo diferente. El doctor asignado se apellidaba Ortet, según decía su chapita y era un hombre delgado con pinta de antihéroe, de pelo inusualmente largo y castaño, y una cara surcada por el tiempo y sus avatares.  Le había acompañado toda la mañana con más silencios que palabras, coordinando las diferentes pruebas y había sido el encargado de confeccionar el informe final. Tras asegurarle que los resultados eran aceptables y que no había que preocuparse, le propuso que le esperara a la salida. Era su último caso del día y en diez minutos se podía tomar esa cerveza con él.  El Contrafantasma accedió de manera automática y acertada, como tantas de las cosas que se hacen así (cuando uno pasa sus decisiones por la conciencia, suele errar más). Se habían caído bien y eliminada la posibilidad de malas noticias acerca de su salud, le daba curiosidad saber más de su pasajero terapeuta.

Se sentó en la barra a esperar y agarró una revista del montón que había en la mesa supletoria. Era un dominical de hacía varias semanas y un dominical es donde pueden coincidir la hija de una princesa europea y Vinicius Jr., hablando los dos de filosofía. A veces, incluso entre ellos, lo que es francamente raro. Abrió de manera aleatoria la revista al tiempo que pedía un doble. Al bajar la vista a la página en la que había caído, leyó uno de los titulares en negrita:

“¿Qué es ser hombre? Crecimos con una idea de la masculinidad centrada en ser fuerte, no mostrar ni debilidades ni vulnerabilidades. Eso nos lleva a reprimir una parte de nosotros, y con ella, nuestros dolores, arrepentimientos, heridas. Te construyes una barrera que te obstaculiza en la relación con los demás, y también contigo mismo”.

¡Guau!, la frase le pegó en la cara. Retrocedió una página para ver quién era el entrevistado, en búsqueda de algún pensador francés posmoderno, o del filósofo ese coreano que escribe en alemán y que tanto gusta a los antropólogos digitales. Pero no, el autor de la frase era Brad Pitt y el motivo, el lanzamiento de su nueva película. Leyó el otro párrafo resaltado un poco más abajo:

 “Allí (en USA), si te rompes el brazo, no te quejas. Sigues adelante. Y lo mismo con los  sufrimientos interiores. Es algo indeleble, probablemente ya desde la guardería.”

Joder con Brad, y parecía rubio. En ese momento, el Dr. Ortet, vestido con cazadora vaquera de borrego y unas deportivas de montaña, se sentó a su lado en la barra y se presentó por su nombre de pila, Alfredo. El Contrafantasma pensó que el nombre no le hacía justicia. Al doctor le pegaban más nombres como Kawhi, o Jrue, o incluso Luka (la NBA está de moda). El caso es que le mostró lo que estaba leyendo sobre Brad Pitt y al hilo de eso comenzaron a charlar sin rumbo. El doctor le contó que él se formó hace más de 30 años como psiquiatra, pero que lo dejó muy pronto al comprobar que era imposible curar pacientes con química y que tras aquella decepción, se orientó hacia la medicina general y empezó los estudios de Psicología, profesión que también ejerce desde hace 20. Le dijo que tiene una consulta privada donde recibe pacientes por las tardes de martes a viernes y le confesó que lo que le hubiera gustado de verdad, es ser un superhéroe. Que es la única forma posible para curar personas. porque necesitamos, dice, creer en algo superior a nosotros (porque es obvio y experimentable por cualquiera, el hecho de que existe algo superior), y que la idea de Dios se ha manejado tan mal, que ya nadie se la come. Pero que los superhéroes si que pueden hacernos creer. Imagina que vas al médico y te recibe Batman, ¿no le harías caso?. La verdad es que sí, pensó el Contrafanasma.

Durante una hora hablaron de lo que no sale esos informes exhaustivos que les entregan a los pacientes del hospital, de eso que en sus consultas ve mucho y que nombra Pitt en la entrevista, lo de los hombres (y mujeres) fuertes y lo de que lo interior, a no ser que se manifieste por si sólo, normalmente de manera abrupta y contundente, tampoco se tiene en cuenta. Y que incluso teniéndolo en cuenta, nadie sabe muy bien cómo encararlo  y mucho menos como curarlo.

Alfredo, claramente convertido en Lebron en ese momento de la charla, concluyó diciendo que él anima mucho a sus pacientes “físicos” a ir a ver a un terapetuta de lo interior. Pero que sobre todo, trata de hacerles comprender que lo interior no es lo que está dentro del cuerpo, que en realidad eso es también exterior. Y que ni siquiera es lo que está dentro de la mente (del cerebro), sino que lo interior es lo  que no se percibe con los cinco sentidos, pero que nos rodea, nos envuelve, nos acuna, nos rescata, nos inquieta, es lo que soñamos, lo que pensamos y con lo que vibramos. Y que hay que confiar en todo eso, que es la única manera de no desviarnos mucho y quizá, de curarnos.

Y esta mañana han llegado los Reyes Magos, en los que el Contrafantasma cree, como buenos superhéroes que son. Magia y Héroes para todos nosotros, disfrutemos.

 

 

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