Complejo de madre

Para mi madre y todas las madres en este día y todos los demás días.

__________________________________________________

El Contrafantasma disfrutó ayer un artículo de Nuria Labari en El País, donde la autora habla de su experiencia como madre en los 2000 y la diferencia con respecto a madres y abuelas de generaciones atrás. Reía porque lo escribe con gracia y asentía interiormente, porque tiene mucha razón en las cosas que relata.

La lectura le trajo un recuerdo, cuatro reflexiones, un complejo y una conclusión.

El recuerdo es el de su madre y sus históricas demandas. La madre del Contrafantasma trabajó toda la vida fuera y dentro de casa, tuvo hijos, fue compañera, amiga y amante de su pareja, se ocupó de sus padres cuando estos lo necesitaron, ejerció el mando en aquella unidad familiar y, en su contexto, las cosas que reclamaba eran las mismas que demanda Nuria en 2019,  Su sociedad también había cambiado mucho respecto a la de sus padres. Podía votar, jugar al baloncesto, divorciarse, ver una película erótica en un reproductor Betamax, tomar la píldora, hacer yoga, tenía libertad de culto, podía viajar, hacer top less y mandar a tomar por culo a un conductor de la EMT en el caso de que éste golpeara su Renault 5, y que, no contento con eso, le recomendara además irse “a casa a fregar”, porque conducir no era para mujeres.

Y podía hacer eso y también quedarse con el filete más pequeño, llevar a los niños al entrenamiento y hablar con los profesores del colegio cuando había tutoría. Ah, y aún tenía tiempo para ver Falcon Crest, aunque no fuera en Netflix y a tomar un botellín de Mahou cada mediodía antes de comer.

Cuatro reflexiones respecto al único punto de desacuerdo con el artículo, que llega al final de la lectura, cuando dice, “...Sin embargo, el mito (o timo) que cae sobre la idea de maternidad se ha mantenido intacto y medieval. Nosotras, las madres, tenemos desde el momento en que parimos una capacidad de abnegación y sacrificio individual nunca vistas“.

Primera, la maternidad en los 2000 es mucho más un timo que un mito, y es así debido a la concepción del mundo incorrecta que manejamos. Los mitos son narraciones que nos cuentan el origen del mundo, la creación y el desarrollo de la historia de la humanidad y se suelen interpretar de manera simbólica. En este caso no podemos hablar de un mito, ya que esta capacidad de las madres de la que habla la autora es real, cotidiana, experimentable de forma directa por todos, por el simple hecho de que todos hemos tenido madre. La madre da vida, provee vida y eso es pura esencia humana y pura esencia de lo femenino, de la mujer. Esta vida está pegada al día a día, sin necesidad de ser interpretada para experimentarla. Lo que sucede es que esa cualidad maravillosa no está de moda. El colectivo (la sociedad) está mucho más pendiente de la obra exterior de ellas y ellos.

Segunda, situar la época medieval como benchmark originario de la maternidad actual se queda corto. Se puede llevar mucho más atrás en el tiempo, porque lo esencial de ser madre, lleva siendo así desde el nacimiento de la especie.

Tercera, esas capacidades de abnegación y sacrificio (de madre), cuya experiencia se acentúa exponencialmente si se tienen hijos, se deben desarrollar igual si no se tienen éstos. Así que por favor, desarrollemos las, que son fundamentales para la vida en armonía.

Y cuarta y última, en diferentes fases de la vida y de maneras distintas, tanto mujeres como hombres debemos desarrollar correctamente esas capacidades de madre, que el Contrafantasma ha aprendido que se llaman complejo de madre.

Un complejo es un hábito de comportamiento. Ese hábito de comportamiento es inconsciente, lo repetimos de manera automático sin darnos cuenta. Los complejos pueden estar bien desarrollados, si han sido elaborados correctamente y se reproducen en su justa medida, o mal desarrollados y suponer un incordio para el individuo y para los que le rodean, si han sido mal elaborados y/o se reproducen incorrectamente, ya sea por exceso o por defecto.

El complejo (recuerden, hábito de comportamiento automático e inconsciente) de madre, aplica tanto a mujeres como a hombres y tiene que ver con el cuidado de las necesidades básicas para la vida. Tiene que ver con cuidar a los demás (como lo hacen sobre todo las madres, desde el principio de los tiempos), pero de igual manera tiene que ver con cuidar de uno mismo y esto no lo hacen ni mujeres (menos aún cuando son madres), ni hombres, demasiado enfocados todos en la obra exterior de sus vidas. El complejo de madre bien desarrollado es el que posibilita que uno se cuide y que cuide a los demás. De nada sirve una madre abnegada con el resto, que no cuida de sí misma.

Volviendo al recuerdo de antes, la madre del Contrafantasma murió de cáncer en poco menos de un mes después del diagnóstico. Tenía 67 años de aparente salud. Hasta ese día no se había quejado de nada más que de un catarro muy cojido al pecho, que le impedía respirar bien en determinados momentos de aquel verano. El catarro resultó ser un adenocarcinoma de 5 cm en el pulmón derecho y metástasis en huesos, riñón e hígado. Su complejo de madre introvertido (con ella y sus necesidades) negativo (menos cuidado del necesario), hizo que, por no dar el coñazo, por no alarmar, por no ser un problema, ese día ya fuera demasiado tarde para corregir nada.

Y por último una conclusión. Nuria tiene razón en levantar la voz y en señalar que la sociedad ha cambiado mucho, respecto a la España en la vivieron nuestras madres y abuelas y que nadie nos ha dado el manual de instrucciones. Es cierto que ha cambiado mucho en lo exterior, y con ello en la manera exterior de ser madre (y padre) y donde los días siguen durando 24 horas. Como siempre, el mundo exterior domina el paradigma, imponiendo sus reglas. Pero conviene parar y recordar que en lo interior, en lo esencial, ser madre hoy es igual que en la época medieval, en la del imperio romano o en la del neolítico. Y conviene no descuidar eso interior, conviene comprobar si nuestros hábitos de comportamiento son los correctos, antes de que sea demasiado tarde, individual y colectivamente.

 

 

Cultiva, vota, sueña

La palabra cultura viene del latín, de la unión de cultus, cultivo, con el sufijo -ura, que denota acción. Por tanto cultura es la acción de cultivar, la capacidad exclusivamente humana de ennoblecer la naturaleza. Y el viernes el Contrafantasma pasó el día en una magnífica muestra de esa cultura en la Vera (Cáceres), en casa de una pareja amiga que, tras veinte años trabajando una finca, la han convertido en un paraíso.  Un paraíso que ellos disfrutan siempre que pueden y donde han comenzado a organizar lo que llaman “Cultiver“, jornadas festivas dedicados a cultivar el interior del ser humano, con el ambicioso objetivo de resolver problemas “imposibles”. Se trata de reunir a gente amiga, afín e inquieta, invitar a un experto en el tema propuesto y dejar que fluya la conversaciòn.

El Contrafantasma contempló el fabuloso jardín nada más entrar. allí estaban los anfitriones dando la bienvenida y charlando animadamente con los invitados. Ninguno de ellos le resultó conocido, así que comenzó a presentarse, diciendo simplemente su nombre y repartiendo besos y apretones de manos con ellas y ellos. Inmediatamente se sintió bien en aquel lugar. Además de los invitados y los anfitriones, había una joven con una guitarra, tres o cuatro niños, un par de camareros, dos burros (madre e hija) y tres perros. El tema propuesta era “Votar”, algo muy simple, pero que la calidad de los políticos han convertido en misión casi imposible. Y el invitado, un ex asesor que trabajó para los dos presidentes españoles de los 90, siendo él aún muy joven y que en 2001 se exilió a USA, para trabajar como profesor universitario e investigador, “harto de aguantar gilipolleces”, según decía el flyer de la jornada.

A las 13 horas comenzó a sonar “Hymm to her“, de los Pretenders, interpretada por la joven de la guitarra, y poco a poco los participantes se sentaron. Sólo había cuatro sillas, de estas de director de cine, que habían llegado allí desde Kenia hacía 20 años. La idea era estar lo más en contacto posible con la naturaleza, para lo que se habían dispuesto mantas coloridas y almohadas gigantes sobre el pasto, además de sombreros de paja de todos los tamaños para evitar el sol. El Contrafantasma eligió uno de ala ancha, el único que le servía y en cuya etiqueta se podía leer “Mod – Indiana Jones“. Todo el mundo se descalzó y en el momento en que la música acabó, la dueña de la casa tomó la palabra para dar las gracias a los invitados por asistir y a su marido por continuar su aventura juntos veinticinco años después de haberse encontrado, por haber construido ese lugar y por sentirse tan bien de compartirlo con otros seres humanos. Mientras ella hablaba, otra mujer entornaba la puerta de entrada para cerrarla, tratando de pasar desapercibida. Su andar era delicado, llevaba las sandalias ya en la mano y traía su propia pamela, que ocultaba el rostro casi por completo. El pelo castaño caía por los hombros y en conjunto era una representación muy atractiva de lo femenino, pensó el Contrafantasma.

El invitado ex asesor de presidentes tomó la palabra  y comenzó a disertar sobre lo lejos de la verdad que están los actuales líderes políticos, sobre lo difícil que es gestionar un mundo con tantísimo estímulo exterior, basado exclusivamente en lo material, y sobre la escasa honestidad de los seres humanos a la hora de comunicarse con las nuevas maneras no presenciales. Abogó por hacer una elección de representantes al estilo Tinder, este si, este no, basado solamente en las fotos y la descripción que cada uno quisiera poner en su perfil, – nos ahorraríamos mucho tiempo y dinero -, concluyó.

Mientras, el Contrafantasma seguía de cerca los movimientos de la mujer que había llegado tarde y se había sentado cerca del gurú, dándole la espalda. Había algo en ella que le resultaba muy familiar. La conversación seguía fluyendo, ya con muchos de los invitados participando, pero él no podía desviar su atención de aquella mujer, sentada con las piernas cruzadas y la espalda bien recta. Habría jurado que era Irma… Estaba deseando que acabara la charla para descubrir si estaba en lo cierto, lo que sucedió a las 14,30. Un gran aplauso sonó en el jardín, todo el mundo se levantó y comenzó a tocar de nuevo la mujer con la guitarra, esta vez cantando “Sweet child of mine .

Se organizaron corrillos de invitados hablando animadamente sobre el tema del día. El Contrafantasma se encontró de frente con el ponente invitado y no pudo sino darle la enhorabuena por lo expuesto y disimular que había estado muy atento a sus palabras. En seguida se pudo zafar de él y dirigirse hacia la zona donde estaba la mujer. Le costó llegar, se habían formado cuatro o cinco corrillos y quedaba feo salir disparado sin compartir algún comentario con ellos. A medida que se dirigía hacia allí, hablaba y oteaba, sin resultado. Empezó a sentirse angustiado y ridículo. Lo primero por no verla y lo segundo, por tener tantas ganas de ver a una completa desconocida y no poder controlarlo. Recordó en ese momento la última vez que había estado con Irma, hacía ya más de seis meses. Aquel día caminaron por Madrid hasta la madrugada, durmieron juntos y se despertaron cerca de las tres de la tarde en el apartamento de ella.

Llegó hasta la entrada de la finca y abrió la puerta por si se había marchado y aún la podía encontrar camino del coche, pero tampoco. Regresó hacía el tumulto de invitados sin entender porqué ella no estaba y sobre todo, porqué le importaba tanto. Se preguntó si no sería una aparición, si aquella figura de mujer estaría solo en su mente.

De pronto sonó un fuerte aplauso, – ¿otro fuerte aplauso? -, pensó él, al tiempo que abría  los ojos y veía como señora de unos setenta años le sonreía como diciendo, menuda siestita te has echado. El Contrafantasma se avergonzó y los colores le subieron a las mejillas. Se puso a aplaudir como el resto y miró hacia el lugar donde se había sentado la mujer de pelo castaño. No había nadie.