1984

El Contrafantasma leyó por primera vez el libro de Orwell cuando aún no había cumplido veinte años. Ya le gustaría al autor que leer este escrito evocara un poco a aquel “1984”, pero ustedes le van a perdonar que no sea así.

Cuando tienes diez años y tus padres te envían a un campamento de verano en la comunidad autónoma de Murcia, significa una de tres: que no te quieren, que piensan que va a ser lo mejor para ti, o que algo va mal de verdad y mejor que los niños estén lejos. Eran los primeros días de agosto de 1984 y del campamento no recordaba casi nada, salvo que en la madrugada del día 10 algunos compañeros, monitores y él mismo, se levantaron de madrugada para ver por televisión la final de baloncesto de los JJOO de Los Angeles, aquella en la que España ganó la medalla de plata.

Tener diez años significa estar aún en la primera fase de la vida, que llega hasta los 12 aproximadamente. Lo principal de esta fase es el movimiento y que ese movimiento se guíe por los sentidos. El niño descubre el mundo y se hace una primera representación del mismo. Descubre los olores, los sabores, el equilibrio y de esta forma reconoce objetivos para su movimiento. Las emociones ponen luego en marcha el movimiento y aprende a coordinar la percepción sensorial, a vivir correctamente las emociones y a coordinar el movimiento a través de una conducta ordenada. Y con ordenada quiero decir acorde con el arquetipo del niño y no sólo con el orden impuesto por los adultos. Ese orden adulto que nos absorbe y que reproducimos cuando llegamos a esa edad, es muy parecido a la ubicua policía del Pensamiento que aparece en el “1984” orwelliano, con la salvedad de que el impulso de control parte de nosotros y no del exterior.

Aquella calurosa noche había dos emociones activando el movimiento del Contrafantasma y ambas tenían que ver con el amor. Amor por el deporte de la canasta y amor por una compañera que tendría tres o cuatro años más qué él y que fue la promotora del madrugón para ver el baloncesto. En esa fase de la vida las emociones están cercanas a la pureza, con una muy escasa intervención de la opinión pública. Lo que activa a moverse a un niño de diez años responde a lo que el niño es y a lo que va a ser cuando sea adulto. Esto lo olvidamos a menudo cuando llegamos a ser padres y tratamos de imponer un camino a los hijos, bien por convicción (normalmente incorrecta), bien por comodidad (muy a menudo), o bien por no tener bien integrado el propio desarrollo como individuo (lo más habitual).

Pasadas más de tres décadas, en la noche del viernes el Contrafantasma trataba de identificar emociones que le ayudaran a activar su movimiento. Estaba tumbado en la cama y lo único que tenia conectado en su vida era el aparato de aire acondicionado. El calor en Madrid era insoportable y la dieta de tinto de verano con casera generaba momentos de irresistible somnolencia. Un pensamiento rondaba su cabeza mientras trataba de evitar el sueño. Pensaba que él siempre había sido bueno en el deber ser, cumpliendo bien con aquellas tareas que se le suponían según su edad y su tradición, pero llevaba años con la sensación de que eso le había ido separando de su eje, hasta haber convertido sus movimientos en una sucesión de actos sin sentido. Ser adulto había supuesto perder buena parte del sentido, en aras de un bien superior con el que no encajaba. La policía del Pensamiento de “1984” lo había conseguido, sin necesidad de que hubiera policía alguna.

Como no pintaba nada bien la noche y estaba empezando a tener dolor de garganta por el aire acondicionado, trató de volver a aquellas sensaciones de los 10 años cuando el baloncesto y una chica poco mayor que él eran suficientes motivos para dar sentido a su vida. Cerró los ojos y viajó hasta la noche de la final de Los Ángeles, disfrutó de los aspavientos del gran Antonio Diaz-Miguel y de las evoluciones de los jugadores que posteriormente marcarían su adolescencia. Y todo ello con su cabeza recostada sobre el regazo de aquella compañera, que le acogía con dulzura, como una hermana mayor.

Al rato, buscó entre las cajas de la mudanza la edición de bolsillo que tenía del libro de Orwell y se quedó buena parte de la noche leyendo. Lo disfrutó más que la primera vez, cuando la lectura la entendió sólo como una crítica política. Esta nueva visita al texto le había dejado pensando en el concepto de Orwell sobre ese Hermano Mayor que nos vigila, con un enfoque nuevo, en el que el hermano mayor lo llevamos incorporado en la tradición y en el peso de la opinión pública. Vaya, que no es necesario que nadie nos lo imponga desde fuera, que lo tenemos muy interiorizado. Y le asaltó el recuerdo de aquella noche, recostado sobre esa muchacha, su gran hermana de aquel verano. Se durmió pensando en cómo habría sido el mundo de “1984”, si en lugar de un Hermano Mayor, hubiera existido una Hermana Mayor, y en como habría sido su vida de adulto, si en lugar de volcarse en lo que debía ser, lo hubiera hecho en lo que de verdad era.

Hay esperanza, nuestros hijos aún están a tiempo de no ser movidos de su eje y dicen que los cuarenta de ahora son los antiguos treinta. Una década de vida extra.

La fiesta de la prima Vera

El Contrafantasma se había despertado empapado en sudor, la temperatura nocturna no había bajado de los 26º durante toda la semana y los sueños tampoco habían ayudado en la última noche. En su másallá estaba sentado en un aeropuerto con dos mujeres, una de ellas conocida en el mundo exterior. De pronto la que no era conocida se transformaba en la que si lo era y era como si estuviera sentado con dos gemelas, o con la misma persona por duplicado. Una mujer en el sueño de un hombre representa opiniones de ese hombre. Si la mujer es conocida, uno tiene que pensar en las asociaciones que tiene con ella, para saber sobre qué opiniones le está hablando su sueño. No tenía ganas de analizarlo en profundidad, así que lo escribió en su cuaderno mientras tomaba café y se metió en la ducha. Había vuelto a quedar con Curra, esta vez a desayunar. La conversación con los Bloody Mary´s de la noche del jueves había sido tremendamente reveladora, pero aún había cosas que necesitaba asentar, tanto en los hechos que le contó Curra, como en su repercusión interna.

Curra le contó que desde el día que se cruzaron en el portal de su casa algo pasó, algo que no era capaz de explicar y que a la vez no podía evitar. Así que ese día dio media vuelta al doblar la esquina y le siguió hasta su oficina, sintiendo mucho alivio cuando comprobó que trabajaba muy cerca de su casa. Que al día siguiente se presentó allí preguntando por él y que la persona que estaba en la recepción le entregó una tarjeta de visita suya. Que al llegar a casa googleo su nombre y encontró tres conexiones comunes y que una de ellas era Vera, amiga suya y prima de Petra. Vera y Curra estudiaron juntas en la universidad y muchas veces, durante aquella época de veinteañeras, habían ido a casa de Petra a las fiestas de los primos mayores. A Petra le encantaba presentar a su prima pequeña como la prima Vera y esto les concedía cierto protagonismo en aquella veladas, ya que todos los tíos acababan haciéndole el chistecito a Vera. De hecho, durante años, por hacer la gracia  y añorando aquellas famosas fiestas de la Autónoma de Madrid de fines de los 80, a las fiestas en casa de Petra se las llamó las “Fiestas de la prima Vera”.

Curra siguió con su relato de los hechos. Le dijo que había llamado a Vera y preguntado de qué conocía al Contrafantasma, que lo tenia en su LinkedIn. Vera había dudado, pero en seguida caído en de quien se trataba. Es amigo de mi prima y alguna vez nos hemos visto en su casa. Y también le dijo que creía que ellos se seguían viendo. Además le dio el dato de que Petra iba a celebrar su cumple y que tras años sin ir, se iba a pasar por allí a saludar y tomar un vino. Le dijo a Curra que fuera con ella y llamó a su prima para asegurarse de que ésta invitaba al Contrafantasma. Y todo aquello sucedió según el plan, salvo por el hecho de que Curra dijo en el último momento que no podía ir, pero que por favor le consiguiera el teléfono de ese hombre.

A partir de ahí los datos ya conocidos. La noche de jueves de agosto, la casa de Petra, la presencia de Irma, la conversación con ella, la aparición de Fran el prometido, su pinta de señor mayor aburrido, la decepción del Contrafantasma, la prima Vera consiguiendo introducir la nota en el bolsillo del Contrafantasma, la colada del domingo, la nota, el frutero, la llamada de Curra y la cita en Harvey´s. Y lo más importante, Curra le confesó después del segundo Bloody Mary, que al verle en el portal de su casa había sentido como si inclinaran la acera 45º grados en dirección a él y que aquello era la primera vez que le pasaba en sus 36 años de vida. Que sintió una ganas terribles de que él hubiera contestado que la estaba buscando a ella, porque la había visto desde la calle caminar semidesnuda por el salón y que acto seguido hubieran cogido juntos el primer avión posible a NYC.

Todo eso había sido la noche del jueves, regada por un necesario alcohol para desinhibirse. Ahora ya era domingo, era por la mañana y las cosas se habían reposado un tanto. El desayuno empezó raro porque el Contrafantasma lo primero que hizo fue preguntar por el novio de Curra. -¿qué hay de tu novio, ese que te tiró las llaves cuando nos cruzamos en tu portal?-. Sonó inoportuna y masculino corporativa la pregunta, pero era lo que de verdad le salía. Ella cambió el gesto, se puso pálida y como que de pronto regresó a su realidad. Le contó que fue por eso por lo que no acudió a casa de Petra, que no quería ir con su novio y que tampoco quería verle a él con nadie, que le dio miedo. -¿Miedo de qué?- insistió él. Miedo de comprobar en tiempo real que siente algo de baja intensidad por la persona con la que comparte su vida y de la que una vez estuvo enamorada. Evidenciar que son más compañeros de piso, que de vida. Chequear que ella no es ella cuando están juntos y que eso hace que él tampoco sea él, y viceversa. Que la cosa se va complicando con el tiempo y que cada uno hace la guerra cada vez más por su cuenta y con su smartphone. Que el amor inicial y la asociación fue simpática hace dos años y que ella pensó que la cosa solo mejoraría con la convivencia. Y todo esto a los 36 años, con la tradición y la opinión pública presionando con la maternidad.

El Contrafantasma recogió la declaración, le parecía honesta y sin adornos. Estaba siendo ella en un momento bajito y eso demostraba valentía y capacidad de reconocimiento. Además le contó que a él también le dio miedo decirle que era a ella a quien buscaba en su portal aquel día, que pensó que se le había ido la olla y que le hubiera llamado loco o tomado por uno de haberlo hecho así. Que ahora se daba cuenta de que tenía que habérselo dicho y quizá haber tomado este café con ella hace unas semanas. Le agradeció que hubiera hecho el esfuerzo por quedar con él y contarle esto y también le dijo que ahora se daba cuenta de que a él le había pasado lo mismo con Irma y que aun no se había atrevido a intervenir. Le dijo que hablara con su novio, que le expusiera todo lo que le pasa y que si eso desembocaba en ruptura, pues que sería lo mejor para los dos. Pero que no cerrara esa relación en falso, sin haber agotado hasta la última gota de saliva preguntando las dudas que tuvieran por parte de ambos. Y que igual sucedía que haciendo eso volvían a una senda de ilusión. Le dijo que el amor es cíclico, como lo es la naturaleza y que hay momentos valle, pero que luego vuelve a florecer, siempre que por el camino se haya cuidado el jardín.

Y el Contrafantasma seguía sin tener el teléfono de Irma.

Previously on…

Hace 10 días el Contrafantasma fue a casa de Petra y allí estaba Irma. Hablaron durante un rato maravilloso y volvieron a conectar después de 18 meses sin verse. En ese tiempo ella se había echado un novio de barba y aspecto de señor mayor, que lo mas relevante que dijo fue que no era su novio, sino su prometido. A él no le extrañó que Irma encontrara novio, lo que pasa es que le hubiera gustado ser él mismo y por otro lado, el candidato ganador, Fran, le había resultado sumamente aburrido para Irma.

Haciendo la colada el domingo había encontrado un papel en el bolsillo de su camisa, con un numero de teléfono y una leyenda que decía “mantenme informada”. Tras un par de intentos infructuosos de averiguar quién habría deslizado esa nota, desistió y dejó el papel en el frutero de la cocina. Ese día transcurrió plácido entre la lectura, el visionado de series y una carta que le escribió a Irma. No volvió a pensar en la nota hasta el miércoles cuando sonó su teléfono. Ya era agosto y este año ha coincidido la entrada del mes con la llegada del calor de verdad a Madrid. Quien llamaba se presentó como Curra y como la persona que había introducido el papel en su bolsillo. Le dijo que además había conseguido su teléfono a través de Petra. por si sucedía lo que sucedió, que el Contrafantasma no marcara el número de la nota para contactar. Le explicó que la razón por la que quiere que le mantenga informada no se la podía contar por teléfono y que si le parecía bien quedar en algún momento para explicárselo. Todo esto le sonó raro al Contrafantasma, pero al mismo tiempo había algo en la manera de hablar de su interlocutora que le atrapaba. -Sólo dime una cosa-, intervino él, -¿por qué no te presentaste en casa de Petra y me lo dijiste en persona?-. Ella respondió que no estaba allí, que no podía estar y que le encargó a alguien que metiera la nota en su bolsillo y que cuando se vieran y se lo explicara, él lo iba a entender.

Quedaron el jueves a las 9pm en el Harvey´s de la calle Fuencarral, donde en su opinión sirven los mejores Bloody Mary´s de Madrid. El llegó treinta minutos antes de lo previsto y se sentó al final de la barra. La calle está en obras, como pasa en agosto en media capital y los 40º hacían imposible ocupar una de las dos mesitas de fuera. Pidió un primer Bloody Mary y abrió las lecturas que le tenían enganchado estos días. Había acabado con el texto sobre el amor y ahora estaba leyendo acerca del mundo interior, del mundo de los arquetipos, de lo divino en cada uno de nosotros. En definitiva, de lo que somos. Justo al abrir estaba el siguiente pasaje:

“El mundo interior está siempre activo. Actúa en los demás mundos constantemente. El mundo interior es totalmente imprescindible, como lo es el aire para que vivamos, aunque nunca pensemos ni en el aire, ni en el mundo de lo Divino. No siempre necesitamos el agua y la tierra. Tampoco el fuego. Sólo queremos calentarnos cuando tenemos frío. Sin embargo, siempre necesitamos el aire. No podemos parar la respiración ni vivir mucho tiempo sin aire. De igual manera dependemos constantemente del mundo interior“.

Y es que el mundo interior era una cuenta pendiente del Contrafantasma. Pasó muchos años de su vida ignorándolo y moviéndose en una dirección no coincidente con él, hasta el punto que se rompió. Aquella ruptura consigo mismo fue dolorosa y le ha dejado algunas cicatrices. Y cuando leía que el mundo interior es tan invisible y tan necesario para vivir, como lo es el aire con el que respiramos, los ojos se le llenaron de lágrimas.

Se estaba acercando la pajita del Bloody Mary a la boca sujetando a duras penas las lágrimas con sus lentillas, cuando alguien le tocó el hombro y le dijo hola. Levantó la cabeza con esa expresión difícil que ponemos cuando no queremos llorar delante de alguien y frente a él había una mujer joven sonriendo, con unos ojos que le resultaban familiares. La lectura le había transportado tanto a otro lugar, que por un momento no recordaba porqué estaba allí y quién era esa mujer. -Hola-, repitió ella, -soy Curra, hablamos ayer por teléfono, te dejé una nota en casa de Petra la otra noche-. En décimas de segundo reconstruyó toda la historia y el porqué estaba allí. Se sacudió el aturdimiento de su momento introspectivo al mismo tiempo que miraba a la mujer, que le seguía resultado conocida. Por fin se levantó y le dio dos besos, momento en el que se le cayó el libro al suelo. Al agacharse a recogerlo se encontró de frente con los pies de ella metidos en unas sandalias de cuero rojo y las uñas pintadas de coral. Al regresar arriba recorrió las piernas de la mujer, morenas y con buen tono muscular, y de pronto supo de qué la conocía y porqué los ojos le resultaban tan familiares. Esas piernas ya las había visto antes a esa misma altura. Eran las piernas de la mujer atractiva semidesnuda que habita en el primer piso de la calle de cerca de su oficina y con la que se había cruzado aquel día en su portal, sin atreverse a decirle la verdad.

La miró de nuevo con cara de sorpresa y nerviosismo. Ahora si que estaba perdido. Por qué esa mujer le conocía a él, cómo sabia que iba a estar en casa de Petra esa noche, por qué motivo no pudo ella estar allí y sobre todo, de qué tenia que mantenerla informada. Todas esas preguntas se amontonaron en el segundo en el que de nuevo se miraron y antes de que le ofreciera sentarse en el taburete de su derecha. Ella pidió otro Bloody Mary..