Me voy a poner profundo

Era viernes y una semana más tarde definitivamente verano en un Madrid lleno de sandalias y tirantes. El Contrafantasma iba de nuevo en moto Goya abajo después de firmar en la notaría. Cruzó Alonso Martínez, luego Bilbao, Quintana, Princesa y Plaza de España. Se le encendió la luz roja de la batería y decidió aparcar en la esquina de Bailén con la Plaza de Oriente. Había mucha gente celebrando el día glorioso que hacía y eligió caminar atravesando Opera hasta llegar a una pequeña taquería llamada Mi Ciudad, en una calle perpendicular a Arenal. No había almorzado y le pareció buena idea comer unos tacos de cochinita pibil y una cerveza.

Sentado en la barra esperando la comida dio ese primer sorbo a su cerveza bien fría, que es un momento sublime y se fijó en la botella y la rigidez del vidrio, recordando la conversación con Juan de esa mañana tras una reunión de trabajo. Juan es un físico e ingeniero vasco de unos 50 años que ha devenido en profesional de la tecnología, pero al que lo que realmente le pone es la filosofía, es decir, el estudio de la sabiduría. Y como su campo de especialización es la materia, habían estado compartiendo ideas de manera desordenada al respecto de ella durante un agradable café posterior a su reunión.

Estaremos de acuerdo, decía Juan, en que el átomo es la expresión mínima de la materia. Un átomo se compone de protones (carga positiva) y neutrones (carga neutra) en el núcleo, y de electrones (carga negativa) en el exterior. Este último gira a gran velocidad alrededor de los primeros, atraído por el protón y equilibrado por el neutrón. Ahora haz un ejercicio de imaginación y supón que el núcleo fuera del tamaño de una mesa de ping-pong. En este caso el electrón seria el equivalente a una cabeza de alfiler y la distancia a la que orbita el equivalente a 10km. Imagina pues unas cabezas de alfiler girando a toda velocidad a 10km de distancia de una mesa de pong-pong. Ahora piensa en la cantidad de espacio libre (aire) que queda entre las cabezas de alfiler y la mesa de ping-pong. Esto significa que los átomos están en su mayor parte compuestos de aire. Y por tanto lo están las moléculas que forman y la materia resultante de la unión de éstas últimas.

El Contrafantasma miraba la botella que estaba sujetando, la barra sobre la que se apoyaba, los tacos y el resto de elementos que componían su realidad exterior y trataba conciliar lo con el hecho de que según la física, todas esas cosas eran en su mayoría aire.

La segunda cerveza le llevó hasta su madre y a que ella nunca perdonaba la caña del mediodía. Y de ahí a la teoría acerca de los invisibles, de los que dejan de habitar la materia y de cómo se puede explicar su presencia a través de la analogía con la hélice. Cuando una hélice se mueve a velocidad se deja de ver, pero sigue estando ahí. Y no solo está, sino que suelta un chorro de aire que genera efectos en el mundo exterior. Con los invisibles pasa lo mismo, uno simplemente no los ve porque están girando en una frecuencia distinta, pero si puedes ver el efecto que su presencia provoca. A veces en una moneda que cae al suelo, a veces en un número que se repite, a veces en un arco iris.

¿Será que todo es un tema de frecuencia de giro, de movimiento circular? Si la materia es tal cosa producto del movimiento de los átomos y de la unión más o menos estable de sus moléculas, ¿no será posible que simplemente no tengamos manera de medir el siguiente estado, cuando la vida deja la materia y comienza a girar en otra dimensión?

No eran preguntas para un viernes soleado después de dos cervezas.

Una historia de amor en moto

A las manos del Contrafantasma había llegado el libro “The Natural History of Love“, de Morton M. Hunt. Por las referencias que tenía es una obra de ineludible lectura para entender cómo se ha vivido el amor a lo largo de la historia de occidente. Cubre aspectos vinculados al amor, al sexo, o al matrimonio, comenzando en la antigua Grecia y acabando en los años 50, cuando se publicó. Ojeó sus páginas y leyó algunos pasajes antes de salir a una reunión de antiguos alumnos del colegio.

Agarró una moto de alquiler en Mateo Inurria y enfiló dirección oeste hacia Castellana. Era la segunda tarde noche agradable del año y un paseo en moto prometía sensaciones placenteras. Montar en moto provoca un efecto liberador. El casco no solo protege, sino que aísla el pensamiento, sobre todo de aquello que entra de fuera sin quererlo nosotros. Esos pensamientos negativos del más allá no llegan a posarse si vas en moto, hagan la prueba. Casco, aire y el zumbido de las calles conducen a un estado casi meditativo. Rodeó Plaza de Castilla con sus horribles torres y ese falo central que alerta al viajero del norte de que Madrid la rigen horteras de mente patriarcal desde hace más de veinte años. Pudiendo haber planteado un monumento que acoja al extraño, que en parte ya estaba allí con en ese depósito del Canal de Isabel II, que almacena agua (símbolo de la conciencia), eligieron poner una lanza de oro que amenaza al que se acerca. Otro día que se dirija el Contrafantasma hacia el norte podremos hablar de las cuatro torres…

Comenzó a bajar Castellana tratando de fijar en su conciencia el concepto de amor, buscando concretar una representación, una imagen que le hiciera justicia. Se le apareció la escena de “Las amistades peligrosas” en la que el Vizconde de Valmont (John Malcovich) deja a Madame de Tourvel (Michelle Pfeiffer), repitiendo mil veces la expresión “no puedo evitarlo”. En la plaza de Cuzco una imagen de su infancia apareció nítida, debía tener 7 años e iba sentado en un autocar con otros 50 niños de un campamento de verano. Había conseguido un lugar delante de una niña bellísima que debía de tener 12 años y que le generaba una atracción increíble. Recordó que ese instante fue la primera vez que sintió amor, al menos al nivel del cuerpo, el de la atracción de la materia. A la altura de Nuevos Ministerios observó la fachada de El Corte Inglés con una gran foto de Gisele Bündchen en bikini y un pensamiento de fuera entró por el casco diciéndole que se dejara de tonterías, que esa era la representación del amor que andaba buscando. Por suerte, la bocina del coche de detrás le devolvió al proceso de búsqueda interior.

Subió por Ríos Rosas y al pasar por la esquina con Agustín de Betancourt se fijó en el banco delante del Liceo Italiano, donde besó por primera vez a su primer gran amor. Realmente fue por segunda vez, la primera había sido en un autobús volviendo de otro viaje escolar. Recordó el olor, el calor, el sabor, la profundidad y el temor de aquel momento. Ese beso fue una sensación plena de amor. Además un amor proyectado en otra persona, que a través del beso formaban un todo. Dos adolescentes enamorados besándose es una imagen donde no hay principio ni fin, es de nuevo una circunferencia, es lo masculino y lo femenino unidos a través de la comunicación más íntima y en ausencia de palabras. Esencia pura.

De pronto le pareció que la noche era demasiado cálida para ser abril y le dieron ganas de quitarse la chaqueta y el casco. No lo hizo y siguió subiendo la calle hasta el cruce con Bravo Murillo, donde giró a la izquierda. Dejó la moto aparcada en una esquina y comenzó a caminar. Ya sin el casco alcanzó a retener imágenes que tenían que ver con otros ámbitos de su vida, lo profesional, la familia adquirida, la creada por él, sus amigos y también encontró amor en algunas de esas imágenes.

Entró a la cervecería El Gran Sol, se sentó a esperar a sus colegas del colegio y fue reduciendo la actividad de su conciencia hasta encontrar un hueco íntimo dentro de ella donde recuperar esa sensación de amor sin necesidad de moverse del sitio, ni de estar con nadie. Su templo.

Ahora toca practicar esa visita al templo interior cada vez que se desvíe, que se despiste, cada vez que note que no es el amor el que guía su viaje en moto.

Me pica el niqui

El domingo es el día del Sol. el lunes de la Luna, el martes de Marte, luego Mercurio, Jupiter, Venus, Saturno y de vuelta al día Sol. Los Caldeos habitaban Babilonia (Mesopotamia) 4000 años antes de Cristo y ya conocían como se comportaban los ciclos del sol y la luna, así como los de los cinco planetas principales (los que ellos veían). Fueron los primeros en dividir la circunferencia en grados, minutos y segundos y el día en 12 horas dobles. Eran una civilización muy avanzada y la prueba es que más de 6000 años después seguimos utilizando el sistema que ellos reconocieron a través de la observación del cosmos.

El Contrafantasma sabe que entendiendo el cosmos y su funcionamiento, como en su época hicieron los Caldeos, se puede entender mejor a hombres y mujeres y las relaciones entre ellos. Que cada uno de nosotros somos un microcosmos y que el bienestar y la armonía suceden cuando estamos en disposición de conectar los puntos y de reconocer las conexiones entre el cosmos y nosotros.

Y el caso concreto es que Bernie había llegado a la reunión de Me pica el Niqui (así se llama el grupo de Whatsapp), un colectivo de individuos unidos por el amor a la naturaleza y a la música electrónica, que a priori parecen conceptos antagónicos, pero que conviven en armonía y que cada mes organizan una salida al campo que dura todo el fin de semana y donde tumbarse boca arriba a ver el cielo y bailar durante toda la noche si es necesario, son actividades igual de importantes. Bernie iba vestido como en él es habitual, pantalones cargo verde botella, botas de montaña marrones, chaqueta militar multibolsillos de camuflaje y un gorro calado gris que esconde una total ausencia de pelo. Bernie es como un personaje recién salido de una batalla del Call of Duty y además un magnifico representante de lo masculino en su analogía con el sol. Sabes con certeza por donde va a entrar y salir, que lo va a hacer siempre a su hora y que no importa la época del año él cumple. Sabes que sus ciclos son largos (como los de las estaciones), por lo que no va a generar estrés ni a él ni a su entorno inmediato y sabes que aunque haya nubes, va a seguir cumpliendo con sus funciones. El sol es masculino, extrovertido, amarillo (color asociado al reconocimiento), previsible, puedes confiar en él y además emite luz, calienta y da energía.

El Contrafantasma hablaba de esto con Irma mientras Bernie se sentaba y pedía una cerveza. Irma tiene esas cualidades masculinas muy bien desarrolladas y aún así cambió su gesto cuando el Contrafantasma asoció esas características solares a lo masculino. Es mujer, feminista de las que entienden las diferencias, pero aun con ese entendimiento, reacciona en situaciones así. Estamos navegando una época en la que saltan las alarmas cuando se exponen las diferencias entre lo femenino y lo masculino, incluso en aquellas personas que las reconocen y las aplican en su día a día. Cuando precisamente son las diferencias y su complementariedad lo más maravilloso que existe en el cosmos. Cuando hombre y mujer se compenetran, su unión es como esa esfera bien pulida que la sueltas y corre y corre y corre. No hay más que ver una pareja enamorada, o una pareja de socios trabajando en un proyecto común.

Si, Irma, siguió el Contrafantasma, no me pongas esa cara. Lo femenino tiene que ver con la luna, tiene capacidad de acoger, de reflejar la luz del sol e iluminar la noche. Es blanca (color de lo puro, de lo sagrado) y cuando está completa, es sublime, rotunda, magnífica, numinosa. La luna aparece de noche, cambia de un día a otro y sus ciclos son cortos, de 28 jornadas, muy similares a los vuestros. A la luna no la ves venir, no sabes por donde sale y a veces ni sale. Lo femenino tiene esas cualidades, no me lo negarás. Irma seguía con el gesto torcido, pero ahora era un torcerlo hacia la sonrisa. Es verdad que cuesta aceptar el concepto de las diferencias porque se está luchando de manera heroica por la igualdad exterior de las mujeres. Pero la igualdad exterior no nos hace ser lo mismo. En esencia somos diferentes, como lo son la luna y el sol y sólo seremos capaces de colocar a las mujeres y lo femenino en el lugar sagrado que le corresponde, si partimos de esas diferencias esenciales y su complementariedad.

Que maravilloso si las mujeres y los hombres, lo masculino y lo femenino, formaran pequeñas esferas y se complementaran como la luna y el sol.

 

 

Bello, simple, verdadero e integro

La semana laboral terminó en el Bar de la Esquina. Desde que Ray (se llama Ramón, pero le gusta que le llamen Ray) está de encargado, las cosas han mejorado mucho. Acompañan las cañas de generosos pinchos y se esfuerzan por ser amables. No hay día que Ray no se acerque y te cuente alguno de sus secretos para que el negocio marche. Se nota autoridad y orgullo en sus palabras. El resultado neto es que el número de clientes ha crecido una barbaridad, casi en la misma proporción que el ruido del bar, cosa que no es tan grata. Y allí disfrutaban su cerveza el Contrafantasma y sus compañeros, mientras él escribía unas notas en el cuaderno negro. Había trabajado estos días acerca de los cuatro anhelos del ser humano, que tienen que ver con lo bello, lo simple, lo verdadero y lo íntegro, y no quería que se le olvidaran algunos pensamientos.

Al día siguiente repasó lo que había escrito. Lo bello es fácil de entender, hay muchas imágenes asociadas a esta palabra. Una rosa, el tema “Asilo” del último album de Drexler, la sonrisa sincera de un niño, el sol saliendo tras las montañas, el gol de chilena de Ronaldo contra la Juve, casi todos los de Messi…

Lo simple no lo es tanto, vivimos en una cultura que identifica simple con “tonto”. Si te dicen que eres simple seguramente no te agrade. En cambio cuando encontramos esa simplicidad en lo cotidiano, nos sorprendemos de lo fácil que es que la cosa camine. Algo tan simple como un “no” con fundamento, conduce a un nuevo escenario que ilumina el camino a partir de ahí, hacia algo mucho mejor que lo anterior, que se estaba cargando de complicados y enrevesados argumentos.

Lo verdadero es casi una quimera, hoy nadie se atreve a decir que algo es verdad. Nadie confía en su propio criterio y siempre esperamos que algo exterior a nosotros venga a darnos la razón. Ni Cifuentes, ni su director de master, ni el rector de la universidad son capaces de decir una verdad en su caso concreto. Tranquiliza conocer la definición del término. Verdad no es más (ni menos) que cuando los hechos se corresponden con las afirmaciones. Habrá que ver el desenlace del tema del master, pero parece que los hechos los están generando en tiempo real (ahora están redactando el trabajo fin de master, que les tiene que quedar muy bien, después de lo que ha llovido), para hacer que coincidan con las afirmaciones que la señora ponía en su curriculum.

Y por último está lo integro, que tiene que ver con lo que está de una pieza, lo sano. Y aquí es donde menos en forma estamos. La integridad es cosa de cada uno, no la podemos encontrar fuera, ni comprarla, ni hacer un master sobre ello. Se es íntegro cuando nuestras acciones y nuestro ser coinciden y trabajan al tiempo, de forma coordinada. Ser integro nos enfrenta a la opinión pública, a la tradición familiar, al modelo cultural, al algoritmo de FB y a nuestros propios demonios. Si no se es integro te acabas rompiendo y a veces te duelen las rodillas, otras se apoderan de ti los miedos al fracaso y en otras te surge una alergia a las arizónicas. Ser íntegro es un acto heroico y que no acaba. Se van consiguiendo pequeñas victorias que parecen insignificantes, pero que construyen estructuras sólidas. Si miramos cada día un rato hacia dentro, reconocemos lo que somos y trabajamos en la integración con uno, lo de fuera empieza a colocarse solo. Y sí, cuesta tiempo y esfuerzo, pero el resultado para uno y para el colectivo es tan maravilloso, que merecería que todos diéramos un paso adelante, o mejor dicho, un paso hacia dentro.