Estiarte, Guardiola y los complejos

El Contrafantasma siempre había sido practicante de un deporte llamado baloncesto, al que se jugaba (hablo en pasado de manera consciente) mucho más con la cabeza que con las manos. Un juego que se practica en un espacio reducido donde se mueven libremente 10 individuos de buen tamaño y cuyo objetivo es meter una pelota en un aro a 3,05m de altura. Como en otros tantos deportes, la velocidad de actuación es la clave y esa velocidad tiene que ver con dos cosas, la intuición, eso que sucede milésimas de segundo antes de hacer algo consciente, y los automatismos, comportamientos aprendidos y repetidos miles de veces hasta hacerlos inconscientes. Es decir, se juega sin lo que comúnmente conocemos como pensar. Estos comportamientos automatizados se llaman Complejos en Psicología. Obviemos por un momento la carga semántica de la palabra, muy asociada al menosprecio del otro (el acomplejado), porque complejos tenemos todos y porque éstos pueden ir a favor del correcto desarrollo del individuo, o no. El hábito de meterse el dedo en la nariz en un semáforo es un complejo malo, el de dar las gracias es un complejo bueno. Los complejos pueden ser adquiridos de manera consciente (aprender a conducir) o subconsciente (arrancarse las costras de las heridas). Y si nos paramos, podremos examinarnos y reconocer numerosos complejos en la propia piel, buenos y malos, sin necesidad de señalar a ningún otro ser humano.

Hace años el Contrafantasma se encontró con Manel Estiarte en un hotel de Milán, donde él acababa de ofrecer una conferencia sobre su experiencia como jugador de waterpolo ante un público corporativo, que siempre disfruta de la épica del deporte, tan alejada de sus rutinas diarias. Pocas semanas antes había leído el libro “Todos mis hermanos”, su autobiografía prologada por Pep Guardiola y tenía muy fresco un pasaje en el que Estiarte reconoce que él era bueno porque se adelantaba siempre a lo que iba a pasar y llegaba antes que el contrario. Otra vez la intuición y los automatismos. Le preguntó si eso le seguía pasando en la vida fuera del deporte y le contestó que si. Manel tiene ese poder, ese es su arquetipo, estar antes que el otro en el lugar donde va a suceder la jugada. Le dijo que por eso Pep le pidió ir con él cuando llegó al Barcelona, para adelantarse ante aquello que podía pasar en esa estructura tan compleja y de tanta presión que es un equipo deportivo de élite.

El pasado martes el Contrafantasma escribió a Manel, sorprendido porque ve a Pep muy fuera de su eje y llegando siempre a destiempo y se preguntaba si es que ya no le aconseja, si ya no se adelanta para decirle que su mundo, el que de verdad transmite su esencia, es el de la cancha de fútbol, el del vestuario, el de la manera en la que sus jugadores interpretan sus enseñanzas, el que amplifica su liderazgo natural y lo potencia universalmente. Su mundo es el de dar juego con la pelota, ya sea como jugador, o como entrenador. En ambos casos ha florecido belleza y eso ha transmitido armonía al cosmos.

Ayer contestó Manel de vuelta. Le dice al Contrafantasma que Pep solo habla de lazos amarillos y de dos pacifistas encarcelados por sus ideas políticas. Y que además son sus amigos. Dice que le dijo que eso es muy loable, pero que pertenece a su espacio íntimo, que no es un tema donde Pep Guardiola tenga autoridad (libertad de expresión la tiene toda) y que esa falta de autoridad le convierte en una parodia. Y que cuando uno va en contra de su esencia, la cosa no fluye, ni para él ni para sus dos amigos pacifistas encarcelados.

Ya, ahora lo entiendo, contestó el Contrafantasma. Dile de mi parte que se acuerde de lo que le dijo en aquella rueda de prensa a Mourinho acerca de que en la sala de prensa le había ganado. Dile que ahora sale derrotado a cada rueda de prensa, con su lazo amarillo XXL y su discurso de opresores y oprimidos del Siglo XXI. Que ese no es su campo de autoridad, ni su balón y que a mi me chirría mucho. Y lo digo desde el respeto y el amor al deporte, y a lo que él ha construido en ese ámbito.

Docenas en chino es mucho

En los siete viajes que el Contrafantasma hizo a China nunca tuvo sensación de sentirse en calma. En uno de aquellos pasó dos meses en Beijing trabajando en un proyecto que le habían encargado sobre la transformación social de la ciudad, previo a los JJOO de 2008. Había alquilado un apartamento de tamaño medio donde le había dicho Yang Jie, el chino “español” que le había asignado su empresa para hacerle la vida más fácil, sobre todo en las gestiones administrativas básicas. El portal del edificio daba a lo único que quedaba en esa ciudad con forma de parque, con árboles, algo de verde en el suelo y tres bancos rodeando un arenal. Era todo tan diferente como lo puede ser Marte, salvo que no es necesario vestir traje de astronauta. Al tomar un taxi pedía que le escribieran la dirección de destino y se la entregaba directamente al conductor, confiando en que al llegar fuera el lugar correcto. Nadie hablaba inglés, nadie hacía un gesto elocuente si te equivocabas, nadie decía que no, nadie te abordaba por la calle si te veían con cara de perdido. Los chinos asienten mucho con la cabeza al tiempo que sonríen, y ese conjunto de gestos nos irritan a los occidentales, tan acostumbrados a la respuesta inmediata y concreta tras haber formulado la pregunta. Si a esto le añades que no entiendes un sólo cartel de la calle y desayunas un bowl de noodles con pato cuando lo que ansías es un café con leche, la irritación de cada mañana se volvía mayúscula.

Hace una semana el Contrafantasma recordaba sus viajes conversando con Eyebags, y le decía que no le quedaban ganas de volver a aquel país y que sus memorias eran grises y frías. Todo salvo una cosa que se había quedado grabada para siempre. Las interacciones (porque no eran conversaciones) con un anciano que cada mañana, al salir hacia el trabajo, encontraba en uno de los bancos del parque frente a su portal. Aquel hombre, con aspecto jovial, sereno y muy muy delgado,  hacía ejercicio sobre el banco y le sonreía. Tiene casi la certeza de que uno de los días llegó a saludarle con la mano, e incluso a gritar algo así como “buenos días”, en chino, claro… Estaba allí en periodos de doce días seguidos de ejercicio y uno de descanso. No atendía a nuestros días de la semana, con sus sábados y domingos.

El día antes de volver le pidió a Yang Jie que le fuera a buscar a casa por la mañana y que le acompañara a hablar con el viejo. Quería presentarse, agradecerle, despedirse y preguntarle algo.  Su nombre no lo recuerda, la cara de paz y felicidad al darle las gracias la llevará siempre consigo, y la respuesta a la pregunta ha dado sentido a muchas cosas. El hombre le dijo que lo de los doce días seguidos era para estar en armonía. Que doce es un ciclo completo, que cada doce unidades se empieza de nuevo, que cada fase de la vida consta de doce años, cada año de doce meses y que el trece no da mala suerte, que es el comienzo de algo, de una nueva docena. Y que mucho, en chino, se dice “docenas”.

Aquel hombre era mucho, efectivamente.

 

Un freelance para Vaginesil

El día anterior estaba feliz trabajando en la promoción de su película, que había ganado numerosos premios en festivales de todo el mundo y que se presentaba como una de las favoritas a ganar un BAFTA. Hablaba de la campaña en USA y del siguiente proyecto que había creado, para el que ya tenía apalabrada financiación, “siempre que recibas el galardón”.

Esta mañana lo vi decaído, con la imagen 3D de una caja de Vaginesil destacando en su pantalla. Me comenta que no ganó y  que le había salido un freelance para una agencia. “Vaginesil, alivia el picor íntimo” era el claim que se leía debajo de la caja.

No tengo autoridad para hablar de cine, nunca he sido autor de una obra, así que cuento sólo lo que sentí cuando hace dos años vi su peli. Es simple, vibra por si misma y me dejó como esos sueños que saben amargo aunque ya estés tomando el segundo café de la mañana. Y si, claro que le pica a mi amigo, tenía mucha ilusión en ese reconocimiento.

Hay picores que vienen de fuera, de haber acercado la piel a algún patógeno que acciona nuestro sistema inmunitario para acotar un supuesto peligro. Pero en la mayoría el origen viene del interior y raro que es que se solucionen con pomadas. El picor de muchos creadores de contenido se alivia generando más contenido y el reconocimiento viene de dentro, no de los premios y palmadas en la espalda que reciban.

Felicidades por no ganar. Felicidades por seguir creando..

El sueño de Irma

Irma le contó al Contrafantasma que había soñado con él. Estaba dentro de una casa que, sin ser conocida, en el sueño era la de él. Que le acompañaba su amiga Lenna y que había más gente. Que después agarraba su coche y salía de la casa por un camino que le resultaba difícil de transitar, por estrecho y escarpado. Que se daba por vencida y que ahí aparecía él para conducir hasta sacarlo a un terreno más manejable.

Para Irma tenía todo el sentido. Habían estado hablando mucho de la mudanza de él y de que la casa estaba en la montaña. Ella tiene miedo a perderse cada vez que conduce y se maneja muy mal con los mapas, así que el sueño venia a corroborar todo esto y anticipaba una dificultad en el manejo de la geografía cotidiana.

El Contrafantasma le preguntó qué asociaba con su amiga Lenna, y ella le contestó que es una mujer auténtica, sin ningún filtro, que dice lo que piensa, que a veces se pone en peligro por este motivo, ya que en sociedad está muy bien visto cumplir con los estándares. Le preguntó qué asociaba con él mismo  y la respuesta fue ambigua, no muy precisa. Siempre es difícil decir a la cara de otro lo que asocias con su persona.  Y tras intercambiar algunos detalles más del sueño, de lo que pasaba en la casa, de cómo era el camino de salida y de recoger las sensaciones que el más allá le había dejado al levantarse, se atrevió a interpretarlo.

Mira, le dijo. Estás en una casa no conocida, con lo que el sueño tiene que ver con tu interior, contigo y que no necesariamente conoces. Estás con Lenna, una sombra tuya que nos lleva a lo que en ti es auténtico, pero que en lo social no acaba de encajar demasiado y resulta, digamos, incómodo. Son aspectos tuyos auténticos que no acaban de estar en armonía con el exterior, pero que tu los sientes como positivos y verdaderos. Luego sales y te montas en el coche, donde ya no te acompaña Lenna. Eso quiere decir que cuando sales ahí fuera, al exterior, a lo social, esa autenticidad la dejas, la escondes. Y cuando eso sucede se te hace difícil el camino y te da miedo perderte, como te pasa en el sueño con el coche. Ahí aparezco yo para ayudarte a sacar el coche y ponerlo en el lugar que te facilita la marcha. Lo que asocies conmigo, prosiguió el Contrafantasma, es lo que te ayuda a manejarte en el camino.

Joder, respondió Irma.