Vecinas muy jodidas en Monterey

Se había despertado a las 3am con los ojos como platos. Apuntó en su libreta preguntar a Eyebags sobre qué órgano del cuerpo trabaja a esa hora según la medicina china, para poder culpar a algo de su insomnio. Cambió rápido de opinión y agarró el teléfono para hacer la pregunta sin esperar a la mañana siguiente. Por suerte le contestó, se ve que ella estaba también en vigilia. “Es el pulmón”, decía el texto. Por otro lado, en la reunión del viernes comentaron que el más allá envía pensamientos negativos, que hay que aprender a identificarlos porque pueden ser muy molestos. Pero que no hay que tratar de evitarlos, igual que no lo hacemos con aquellas buenas ideas que de cuando en cuando nos salvan una situación complicada. Así pues, si coinciden en hora el pulmón a toda máquina y el más allá dando por saco, los ojos se abren, el cansancio cesa, la Nespresso se calienta y el Chromecast se activa.

Como resultado, el Contrafantasma se encontró pasando la noche con un colectivo de ricos tarados residentes en Monterey California, que derrochan excentricidad y desgraciado realismo en la serie Big Little Lies. Hacía un par de meses había visto con desgana un par de episodios sin llegar a engancharse, pero esa noche era la elegida para continuar y a las 8am ya había acabado la temporada. Le llamó mucho la atención la ausencia de abuelos en la serie y en general, de cualquier figura distinta de las protagonistas que son mujeres, mujeres con hombres que son sus parejas, y luego el resto de personas, que casi exclusivamente podrían ser calificados como vecinos. Es una serie de vecinas muy jodidas, con vidas muy jodidas, en un mundo muy jodido. Eso si, con un exterior bellísimo, un entorno numinoso y mucha riqueza material.

La jornada siguiente estuvo fundido, pasó de puntillas por el día y regresó a casa a las 21. A esa hora se activa el triple calentador, que carga de energía los tres centros del cuerpo y que rige también la actividad sexual. Se sirvió un vino y esperó a cargarse del todo, mientras escuchaba la banda sonora de la serie, que merece mucho la pena. Luego apareció Irma, momento en el que ambos se metieron en la cama. Y ya es otro día.

La ciencia, la verdad y el amor

El Contrafantasma acababa de llegar al Bar de la Esquina. No es una frase hecha, el bar se llama así y hace esquina. En los dos lados exteriores se abren grandes ventanales a la calle y aunque no es bonito, es cómodo, tiran bien la cerveza y el personal es amable. Eran poco más de las 8 de la tarde, hacía frío fuera y sus amigos estaban animadamente hablando sobre las pasadas navidades. Uno de ellos cambió de tema y preguntó que les sugería la siguiente definición de la palabra “Ciencia”:

-“La ciencia se dedica a crear saber en la investigación y a transmitirlo en la enseñanza. Saber significa conocer la verdad. La verdad es cuando las afirmaciones coinciden con los hechos en cuestión”-.

Por algún motivo el grupo giró brusca, pero naturalmente, hacia el concepto con el que acababa la definición, el concepto de “Verdad”. Reunidos alrededor de la segunda ronda comprobaron que lo que era verdad para uno, no lo era tanto para otro, e incluso falso para un tercero. Hablaron de verdades incontestables hoy, pero revolucionarias hace no tanto, como que la tierra es redonda. Coincidieron en que el fuego quema y en que los objetos caen si no los sujetas. Fueron acercándose a hechos menos medibles, como lo es el que los seres humanos soñamos al dormir. Y la gran duda llegó al hablar del amor. ¿Se pueden hacer coincidir los hechos con la afirmaciones de que amas a otro ser humano? Esos hechos no los puede valorar nadie más que uno mismo y el ser amado, y además la definición no está en los libros. El amor sucede en el interior, en lo no material, pero el exterior está inundado de representaciones del mismo que tratan de darle forma, ponerlo en una escala, decirte si el tuyo es o no es adecuado, si es o no suficiente. Incluso, si simplemente es, o no, amor.

Todos afirmaron que han amado y sido amados en alguna ocasión, pero nadie aseguraba que fuera capaz de replicar la fórmula para que las afirmaciones coincidieran con los hechos de nuevo, ni que pudieran ofrecerle a otro la manera verdadera de hacerlo.

La noche siguió, hablaron de los zapatos perdidos del barrio de la Guindalera, o la Guindirella, como lo llaman ahora en homenaje a Cenicienta. Allí hay días donde, por las mañanas, aparece un zapato solitario en una esquina de la acera, como si alguien lo hubiera perdido corriendo detrás (o delante) de su amor.

Y es que hay veces que el amor es un zapato perdido, sin posibilidad de encontrar su pareja. Y existen otras en las que el amor se distingue por una mirada directa, sin nada más. Y lo sabe el que mira y lo reconoce el mirado.

720 minutos divinos

El Contrafantasma aprovechó para leer lo referente al cambio de año en el “Manual Básico para Orientarse en el Mundo“. Este decía que hacía décadas que se había decidido eliminar el día 1 de enero del calendario. Como el ser humano no tiene la capacidad de modificar el cosmos y las cuatro estaciones siguen sumando 365 días, habían consensuado acabar con el primer día del año de manera simbólica. Así, las 12 primeras horas de cada año se consideran parte de la Nochevieja y las 12 siguientes han pasado a ser divinas. Esto ha provocado que ese momento que antes eran un continuo de comidas incómodas de familia, calles vacías, bostezos, dolores de cabeza, paseos por la naturaleza y resaca generalizada de dos tercios de la población occidental, sean ahora los 720 minutos más importantes del año. El calendario comienza en el día 2 de enero, decía el manual, y el antiguo primero de año se utiliza para conectarse con uno mismo de verdad. No hay televisión, se corta internet y los teléfonos sólo funcionan para emergencias. Doce horas enteras sin Whatsapp, sin buscar nada en Google, sin leer prensa, sin escuchar radio. Setecientos veinte minutos sin chequear el teléfono en busca de alertas, ni quedar con nadie, sin recibir un email de promoción de La Casa del Libro o de Media Mrkt. Media jornada donde es legítimo no hablar a tu pareja o a tus hijos, donde puedes no llamar a tus padres para ver qué tal están. Este momento se ha convertido en sagrado, e incluso los recién nacidos dan tregua. Habrá que probar en 2019.